La sorpresa del sorprendido

“No me quiero casar”, dice Cirilo, pero lo que olvida decir es: “contigo”.

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Anna Bolena Meléndez 11/06/2014 00:00
La sorpresa del sorprendido

Las Cirilas somos muy entusiastas cuando andamos con alguien. Los Cirilos, por su lado, sólo son entusiastas si de verdad les gusta la Cirila, pero si tienen sus dudas, le bajan a la candela.

Recuerden, queridas Cirilas del planeta del “no–me–dijeron”, que para que un Cirilo salga con nosotras no necesariamente tiene que estar perdidamente enamorado. De hecho, con sólo gustarle el chaca-chaca (o con estarlo esperando) es suficiente para que llame una vez al día.

Así que no se pongan de pechito y le llamen “relación seria” a cuanto Cirilo aparece por su casa los fines de semana, pues bien podrían pasar dos que tres chascos vergonzosos.

Cirilo sale con Cirila. Nada formal, simplemente una relación casual en la que Cirila no debió haber llamado a su familia para organizarle una sorpresa de cumpleaños.

A todos nos gustan las sorpresas de cumpleaños. Quien diga que no es un mentiroso o seguramente está saliendo con alguien que no quiere que le vaya dando una sorpresa.

Ahora Cirilo le reprochó a Cirila porque NO LE GUSTAN LAS SORPRESAS, pero lo que no le dice es que no le gustan viniendo de ELLA.

El tema es recurrente: “no me quiero casar”, dice Cirilo, pero lo que olvida decir es: “contigo”. “No me gustan las sorpresas”, pero no termina la frase, sólo lo piensa y entonces, pobre Cirila, no le queda más que sentirse fatal porque no entiende nada.

Yo te lo explico, Cirila que te encuentras en este caso: cualquier demostración de afecto o pista de que la relación se puede ir poniendo seria para Cirilo escurridizo, es una campana sonante.

Pongámonos en su lugar, y claro que lo hemos estado. Recordemos cuando salimos con algún chico que es lindo, bueno, agradable, pero por alguna extraña razón no es ese con el que queremos todo. Ahora imaginemos a Cirilo temporal llamando a nuestros hermanos, primos, padres o cualesquiera familiares, a hacer algo que solamente las parejas serias hacen: organizar el cumpleaños de su amorcito.

¿Salimos corriendo? ¡Claro! Nadie quiere que la familia ande mirando con ojitos de amor a alguien que ni siquiera nosotros miramos así. Lo menos que queremos son cuestionamientos de alguien sobre si ese es el bueno o tan lindo él que anda organizando nuestro cumpleaños, no como el ex que de milagro se acordaba.

Así que, como dice el viejo adagio: no hagas lo que no quieres que te hagan.

La verdad es que todos sabemos perfectamente cuál es el territorio que pisamos. Una cosa es que nos queramos hacer los tontos y otra muy diferente es que no nos demos cuenta de si Cirilo es material para organizarle una fiesta sorpresa con su mamá incluida.

No por organizarle su cumpleaños feliz te va a querer más, por el contrario, lo único que vas a lograr es generarle nauseas profundas y una desesperada necesidad de salir corriendo hacia donde nadie lo conozca.

Ahí va de nuez: para tapetes, los persas. No anden haciendo cosas innecesarias ni desesperadas sólo para ganarse un poquito de cariño, mucho menos esperen que después de que él ha dicho una y mil veces que no quiere nada serio, que no quiere compromisos —recuerden que esas frases carecen de la segunda parte: contigo—, se emocione porque te quieres involucrar con su familia.

Háganme caso, no se vayan a llevar una sorpresa.

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