El colmo de Cirilo

No se conforma con poner los cuernos sino que, además, sala el carro de la esposa.

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Anna Bolena Meléndez 30/05/2014 03:50
El colmo de Cirilo

Si hay algo que me moleste de algunos Cirilos es su conchudez, su cinismo y desfachatez.

Y es que no me van a decir que por lo menos con una de estas ratas de dos patas no se han topado en la vida. Siempre hay un negrito que le cae al arroz de todas que terminamos con el corazón roto por una sanguijuela que se pasa de lanza y no sólo nos lastima sino que nos hace sentir humilladas.

Chequen el caso: Cirilo casado con Cirila, Cirilo profesor de chavillas y una, ni corta ni perezosa, le hizo cambio de luces. Que si le daba un aventón por fa, y Cirilo terminó dándole un aventón, pero a un motel. Resulta que la chamaca desgraciada se tomó fotos desnuda en el carro de Cirilo. ¡Oh no! Corrijo, el carro de la esposa de Cirilo. Luego, en un día cualquiera, Cirila esposa toma el celular de Cirilo para hacer una llamada. Justo en ese momento empiezan a entrar las fotos porno de la chamaquilla acompañadas de mensajes obscenos.

¡Es que ya ni la friegan! No se conforma con poner los cuernos sino que, además, sala el carro de la esposa, ¡descarado!

Así hay cientos de Cirilos, descarados que le presentan a la amante como la “novia” a los familiares que, obviamente, tienen una relación con la esposa. Y estos bichos rastreros son muy capaces de mentir con la cabeza en alto y mirando a los ojos. Siempre con el mismo cuento que, además, les funciona y que no estoy segura si las Cirilas se lo comen porque es fácil creerlo o porque son fáciles de verles la cara.

“Ante la evidencia, niégalo”, dice por ahí un Cirilo con sabiduría ancestral masculina.

En fin, yo no soy quién para juzgar, pero miren que, de verdad, creerse que Cirilo está mal con la esposa, que no se ha podido divorciar porque la loca de la esposa no le da el divorcio, es causante de sopetón en la totuma.

¡¿Cuántas veces no nos han dicho que no les creamos nada?! Si andan por ahí sueltos tantas culebras ponzoñosas que no sólo son malos como la cólera sino que son más descarados que el más descarado de todos.

Luego vuelven llorando, como uno de mi pasado que después de hacer cuanta desfachatez hizo, vino a mi casa llorando como niño chiquito ante el hecho de que yo ya me había hartado de sus tonterías. Ante las negativas comienzan las promesas, entonces sí, prometen y prometen y luego te… buehhh… para los que les gusta el albur ya saben hacia dónde iba eso, lo bueno es que yo no caí y lo mandé por el tubo de la cañería.

Siempre les he dicho que me alucina generalizar porque no todos son descarados permanentes, pero lo que sí es cierto es que todos, en algún punto del camino, han tenido su cinismo que lo único que provoca es colgarlos de los gumaros y balancearlos de un lado a otro.

Y es que el cinismo y la desfachatez tienen muchas caras. Algunos son tan perros, tan perros, pero tan perros —con respeto a los cánidos— que hasta cuando los agarran con las manos en la masa se hacen los de la vista gorda. Otros, son capaces de mentir sobre las mentiras y luego dejar caer una que otra lagrimita de cocodrilo con las que creen que nos van a hacer sentir empatía.

Así que ya saben, Cirilas, ante la desfachatez del animal rastrero lo mejor es darle la espalda y huir, mejor que digan: de aquí corrió que aquí se petateó.

Nótese que esta semana escuché a Paquita la del Barrio.

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