La suerte de la escalera

Nací un día 13 y no me considero una persona con mala suerte.

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Anna Bolena Meléndez 20/05/2014 00:00
La suerte de la escalera

Nunca me iré contra las creencias de nadie. No permito que se vayan en contra de las mías, pero es que hay de creencias a creencias y hay unas que me ponen los pelos de punta, no por miedo, sino por desesperación.

No soporto que no me reciban la sal, que me hagan dejarla en la mesa como si de verdad fuera cierto que la mala suerte se materializa en forma de un simple salero. Me parece estúpido que las mujeres se escandalicen cuando les barren los pies, no encontrar marido nada tiene que ver con una escoba.

Los gatos negros no son de mala suerte, son animales de pelaje color negro, punto. Animales con el mismo derecho a vivir que los que nacieron con el pelaje blanco.

Una escalera no define tu destino, tu vida no se vuelve un abismo negro si pasas debajo de una de ellas. El número 13 no tiene mala suerte, es un simple número y para muchos es nuestro número preferido. Yo nací un día 13 y no me considero una persona con mala suerte, mucho menos un ave de mal agüero. Por el contrario alabo mi suerte porque es privilegiada, que así siga, que así sea.

La suerte no se define por la sal o por el color de un animal o por la pata de un conejo. La suerte y las cosas buenas que a uno le pasan en la vida no tienen cara de número ni de día de la semana. Los viernes 13 son días como cualquier otro.

La vida no se rige por esa sarta de nimiedades, y quien así lo piense debería dejarlo de hacer. El universo no lleva una cuenta de cuando pasaste debajo de una escalera o si te pasaron la sal porque tu comida estaba simple. El universo obedece a lo que uno genera, a la energía que uno invoca, a lo que uno cree de verdad.

Por eso, si crees que pasar debajo de una escalera es de mala suerte, tú mismo lo estás provocando, no la escalera. Si crees que el hecho de cometer la torpeza de romper un espejo te traerá desgracias, no le avientes la culpa al espejo sino a tus supersticiones que con el solo hecho de creerlas les das fuerza para que sucedan.

Si diario te miras frente a un espejo y dices “qué gorda estoy” entonces en menos de lo que piensas estarás tan gorda como un barril. No porque la mala suerte te atacó sino porque además de que no cierras el pico y haces ejercicio, te estás autoprogramando para estar gorda. Recuerda que la mente es más poderosa que un simple espejo roto.

Si pones a depender tu suerte de tonterías tales como añejas supersticiones que no vienen más que de cuentos urbanos, entonces tendrás lo que buscas: mala suerte y además cuartarás tu vida a sufrir por estímulos idiotas que no significan nada.

Somos lo que pedimos, lo que invocamos, lo que deseamos. Lo que con la fuerza de nuestro interior arrastramos desde el universo hasta nuestra vida.

Somos lo que pensamos, lo que merecemos ser, no porque seamos de tal o cual forma, sino porque con nuestras actitudes obtenemos lo que pedimos.

La supersticiones son creencias absurdas que, sin darnos cuenta, nos llevan a jalar mala energía dispuesta allí para quien la desee.

Yo entrego la sal en la mano y no me da miedo que me la pasen a mí. La sal era considerada riqueza, moneda de cambio de muchas culturas en tiempos pasados ¿en qué momento se convirtió en el mineral de la mala suerte?

Paso por debajo de escaleras, brindo con agua y acaricio gatos negros, apuesto al 13 y se me han roto una infinidad de espejos. Acomodo mi cama como me gusta, no como un libro me dice que debo hacerlo, vivo mi vida sencillo, sin pensar que un estímulo externo espontáneo va a cambiar el rumbo de mi universo.

Algo para pensar.

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