Para la madre (para mi madre)

Una madre sí se saca la comida de la boca para dártela.

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Anna Bolena Meléndez 09/05/2014 00:00
Para la madre (para mi madre)

Uno no entiende lo que ser madre significa hasta que lo es; o hasta que lo vive tan de cerca que logra comprender, aunque sea, una milésima parte.

Tu madre ha volcado su vida a ti. Tu madre ha puesto una coma en su propia historia que sigue con tu nombre. La madre es madre desde que se hace madre hasta que muere; no se es madre, se deviene madre.

Ahora comprendo las noches en vela que mi madre pasó. Comprendo el dolor de verme llorar, la alegría de verme sonreír, la frustración de no comprenderme, la agonía de dejarme ir.

Ahora entiendo, aunque sea un poquito, cómo fue que mi madre me amó cuando tan sólo era un crío y cómo ese amor evolucionó para convertirnos en compañeras de vida, en pareja, de alguna forma, que solamente la madre y la hija saben interpretar.

¡Y vaya que somos desagradecidos los hijos! O a lo mejor es simplemente parte de la vida. Aprender, como madre, a entregar ese amor tan pleno e incondicional, sabiendo que lo que regresa no es ni la mitad, sabiendo que solo regresa el día que se convierte en abuela, y aquella hija desagradecida comprende lo que es ser madre.

A lo mejor esa es la bendita enseñanza de ser madre.

Una madre sí se saca la comida de la boca para dártela. Una madre sí pasa la noche en vela esperando a que vuelvas, esperando por esa llamada que solamente le alivie el alma con el puro hecho de saber que su crío está a salvo. Una madre no deja de ver a su crío como un crío porque su crío, probablemente, nunca deja de serlo; por lo menos ante sus ojos.

Y llega este día en el que todos las celebramos, en el que la queremos llenar de rosas, de comida y de regalos, pero olvidamos que ellas son madres todos los días, desde que el sol sale hasta que se perfila y deja paso a la luna a la que piden por nuestros pasos.

Para los que vivimos lejos, un suspiro a nuestra madre, que se levanta cada mañana deseando que fuera ese día en  el que nos pueda abrazar. Un día más sabiendo que no estamos ahí y recordándonos nítidamente como aquel bebé que le robó el resto de sus suspiros.

Sí, esto es para ti, madre hermosa, madre paciente, madre con el corazón tan grande que se rebosa en tu dulce pecho. Estas palabras, cada una de ellas, son para ti, que te he hecho llorar, sufrir y pensar. Cada una de estas letras son para esa mujer que en un solo grito de dolor me dio la vida, me permitió llegar hasta esta tierra y ser el motivo por el que ella se llena la boca cuando pronuncia mi nombre.

Gracias madre, gracias madres, porque no todos los días nos damos cuenta del cansancio que reposa en sus espaldas. Porque no todos los días hacemos consciente el trabajo que implicó tenernos, el trabajo diario que implica comprendernos.

Por eso hoy no felicito, porque felicitaciones reciben muchas, la madres. Hoy agradezco, agradezco en boca de muchos hijos que no alcanzamos a imaginar ni aunque nos acerquemos un poquito, la verdadera experiencia que significa ser madre.

                Feliz día madre, feliz día mi madre.

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