El niño que nunca muere

Imaginar es un deporte que, si no se practica, se olvida.

COMPARTIR 
Anna Bolena Meléndez 01/05/2014 00:00
El niño que nunca muere

Ayer Mr. JC y yo nos fuimos a un parque a volar avioncitos eléctricos. Allí, un grupo de tres niños y una niña (alrededor de ocho a diez años), observaban boquiabiertos tan divertido juguete. Entonces, Mr. JC, que tiene total conexión con los niños, los invitó a que se nos acercaran y vieran al avioncito volar desde donde estábamos nosotros.

Mientras Mr. JC “pilotaba” el avión, los niños hicieron una serie de comentarios maravillosos. Todos comenzaban con “¿te imaginas que..?”, “te imaginas que el muñequito que está ahí adentro del avión fuera de verdad?”, “¿te imaginas que Santa Claus te trajera un avión de esos?”, “¿te imaginas poder controlar ese avión tú solito?”.

Así comencé a imaginarme todas esas lindas cosas que los niños imaginaban con tan sólo ver volar un avión de juguete.

Justo, Día del Niño. Sepan, queridos lectores, que cuando escribo estas letras es Día del Niño y como soy un poco lenta, no se me ocurrió escribir ayer sobre esto para que saliera publicado con más tino. Pero bien dicen que nunca es tarde.

Con ese lindo recuerdo de los niños que imaginaron cualquier cantidad de cosas, me desperté esta mañana y descubrí que en mis redes sociales mi madre me felicitaba por este día en el que, para ella, yo siempre seré su niña.

Y esto me lleva a reflexionar, a pensar de que tanto que uno quiere crecer cuando eres niño y, justamente por ser niño es que no te alcanzas a imaginar lo sobrevalorada que está en la adultez.

Hoy veo a mi sobrina de muy, muy, corta edad jugar con muñecas, hacer galletas de mentiras e imaginar que un cubo de plástico es un vegetal, que un tapete de baño es una alfombra mágica y que un muñeco de peluche es un monstruo de la laguna que nos persigue para comernos.

Y me pregunto, ¿en dónde quedó mi imaginación? ¿En qué momento dejé de imaginar que las cosas no son lo que parecen, sino lo que yo quiero que sean? ¿En qué momento dejé de jugar?

Tanto que escucho que no hay que dejar morir al niño que habita en el cuerpo de todo adulto, escondido detrás del alma que se debate con ser madura, que se pelea con la inocencia y se convierte en un pequeño monstruo malicioso y adulto.

Ahora miro mis fotos de cuando era pequeña e imagino lo que imaginaba. Intento mirar hacia mi jardín y entrecerrar los ojos para pillar a esos duendes que de pequeña creo que veía; ¿los veía? Apago las luces para ver esas formas que la iluminación marca en mis ojos y que se desvanece cuando echo la cabeza hacia atrás.

Imaginar es un deporte que, si no se practica, se olvida. Se pierde en la memoria de ese niño que obligamos a crecer a punta de empellones y que exorcizamos cuando decidimos que es hora de madurar.

Ahora intento invocarlo de regreso, ahora intento invitarlo a compartir la cena conmigo, aquí, en este mismo mundo de hadas que creé cuando era pequeña y el cual deserté para convertirme en esta adulta que lucha con su propia capacidad de imaginar.

 

www.twitter.com/AlasdeOrquidea

Annie@TaconesyCorbatas.com

www.taconesycorbatas.com

www.alasdeorquidea.com

www.facebook.com/AlasdeOrquidea

Comparte esta entrada

Comentarios