Tan asesino el de humanos como el de animales

¿Cuántos días más hay que esperar para que quien dañe a un animal pague su condena?

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Anna Bolena Meléndez 23/04/2014 00:00
Tan asesino el de humanos como el de animales

No sabía sobre qué escribir. Se imaginarán que tener una columna diaria no es el trabajo más fácil de todos. Levantarme cada mañana y pensar ¿qué voy a escribir hoy? sabiendo que mi responsabilidad para con quienes invierten su tiempo en mis letras es gigante. Hoy no fue la excepción.

Son las 3:46 de la tarde, hora de México, y tras un día sin que la musa de la inspiración me pase a visitar, me dispongo a traerla de los pelos para obligarla a que hable, a que me diga de qué carajos voy a hablar para acompañar a mis lectores con su café matutino.

Entonces, navegando por las olas revoltosas de la web, en donde normalmente encuentro algunas letras despistadas que le den agua a mi diosa de la inspiración, me encuentro con que uno de mis asiduos Cirilos me ha compartido unas cuantas noticias de crueldad animal.

Mi alma sufre al ver esas imágenes, por eso les dedico el menor tiempo que pueda a ellas, no por indiferencia, sino por genuino dolor.

Y entonces me pregunto, ¿¡Qué chingados le pasa a esta caraja humanidad llena de escoria que es capaz de hacer tanto daño a un animal inocente!?

¿Cuánto más necesitamos para evolucionar a ese primermundismo que nos permita castigar a los desgraciados que degüellan a un gato por el puro placer de hacer daño? De sentir que son muy hombres, muy bravíos por medio de la tortura a un inocente.

¿Cuántas leyes más que no se cumplen se necesitan para meter a la cárcel a los adolescentes enfermos capaces de ahorcar a dos perros de la calle? ¿Cuánta más sangre se tiene que derramar? ¿Cuántos animales más hay que masacrar? ¿Cuántos días más hay que esperar para que aquel que dañe a un animal pague su condena?

¿De qué sirven las líneas para denunciar si del otro lado hay un empleado aburrido de hacer su trabajo esperando una mordida para actuar? ¿De qué sirve crear nuevas leyes que prometan un futuro mejor para los animales si quienes están encargados de hacerlas cumplir se andan rascando la entrepierna en su escritorio haciéndose los de la vista gorda hasta que una buena feria está de por medio?

¿De qué sirve que nos ufanemos por las leyes que según los adelantos legislativos logran si, a la hora de la hora, esos chamacos enfermos de sangre siguen sin recibir escarmiento por parte de las autoridades y posan en sus redes sociales como si nada fuera, con sus víctimas detrás, cual medallas olímpicas?

¿Y qué? ¿Ahora van a decir las autoridades que es que no hay forma de encontrarlos, de probarlo, de agarrarlos? Pero qué les va a importar, si cuando los agarran los dejan irse por unos cuantos miles, algunos hasta por cientos, mientras retienen tras las rejas a mujeres que han robado una lata de leche en polvo para dar de comer a su hijo recién nacido.

Por eso nuestro México está podrido, porque de peces grandes y corruptos está llena la pecera, porque los delincuentes, asesinos y locos caminan por las calles mientras muchos inocentes son torturados y retenidos tras las rejas, porque los padres de chamacos enfermos están más enfermos que ellos y no se dan cuenta —no se quieren dar cuenta— que sus hijos que cometen las barbaridades que cometen, van enfiladitos a ser asesinos múltiples, violadores, torturadores.

Y qué más necesitan las autoridades para entender que un asesino de humanos comienza asesinando animales, que un violador de mujeres comienza torturando animales, que uno de esos tantos humanos degenerados siempre ha empezado con inocentes frágiles con quienes perder el respeto a todo tipo de vida.

¿Hacia allá vamos, México?

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