El boleto de inmunidad

Si no quieres entrar a la friend zone entonces aléjate de ella...

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Anna Bolena Meléndez 16/04/2014 00:02
El boleto de inmunidad

A quién no le ha pasado que por andar de “buena onda” se instala y hasta hace carpa en la temible zona de la amistad con quien quieres todo… no sólo una linda amistad.

Pero es que luego somos medio bestias y con el fin de “seamos amigos primero” nos vamos acomodando tanto que cuando nos damos cuenta nos están presentando como: “mi mejor amiga”.

Yo tuve uno de esos amores en el colegio, aquel que mustiamente me encantaba, pero al que trataba como mi gran amigo porque no me quedaba de otra. Lo bueno es que hoy en día seguimos siendo muy buenos amigos, así que el sufrimiento momentáneo valió la pena.

Sin embargo, es más común en ellos que en ellas. Los hombres siempre están con las antenitas alertas para cuando la amiga se despiste. Tampoco es nada nuevo que muchas, en una noche de copas, terminan dando brincos en un colchón con su “BFF”, ¡ups! Ya nada qué hacer, ellos no pierden oportunidad cuando de pasar los límites de la amistad se trata. Además, según un muy buen amigo mío: “Los hombres no tienen amigas sino mujeres con las que no se han acostado”. ¿Será verdad?

Nosotras, por nuestro lado, somos más cuidadosas. Sabemos que arruinar una amistad por un “polvo” casual no vale la pena y por eso, cuando enviamos a un hombre a la friend zone (zona de amigos), difícilmente sale de allí.

¿Y cómo no caer en esa zona que deja de ser confortable cuando te das cuenta de que Cirila ya te agarró de su Teddy bear? Alguna vez tuve un buen amigo que me fascinó con su movida: estábamos en la universidad y la primera semana de inicio de clases, cuando todos los de primer semestre se protegen entre ellos, me la soltó de frente: “me gustas, quisiera ser tu amigo, pero que siempre sepas que me gustas”.

Automáticamente compró su boleto de inmunidad a la zona de amigos. Fue buen amigo, no lo puedo negar, pero con su confesión y seguridad en sí mismo creó de inmediato una tensioncita entre nosotros. Coqueteábamos superficialmente, pero como yo no me sentía completamente segura de que él me gustara para una relación, pues preferí mantener ese jugueteo que se acabó con la llegada de mi novio de  la universidad.

Aunque se puede decir que su técnica no funcionó en el estricto sentido de la palabra, tampoco la podría calificar como fallida, pues si no hubiera sido porque el destino me tenía preparado a mi primer patán con el que vería al mismísimo demonio en pelotas, seguro habría terminado saliendo con él.

¿Amigos, amigos? Nunca lo fuimos, de hecho, mi novio patán se moría de los celos con él porque lo sentía como una amenaza que jamás puso ni medio pie en la zona de amigos. El macho alfa sabía que sus territorios eran merodeados.

Así que mi consejo es comprar inmediatamente como sea posible el boleto de inmunidad a esa zona de amigos, pues once you go friend, you never go back again (una vez que eres amigo, nunca dejas de serlo), a propósito de espanglish.

Si no quieres entrar a la friend zone entonces aléjate de ella, cuéntaselo a quien más confianza le tengas (a un amigo de verdad) e implementa una pronta estrategia, pues esa zona es como Wonderland: un mundo del que se necesita un hechizo mágico para poder volver.

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