Cirila en Suiza

Muchachas, ¡por Dios! Nos complicamos demasiado la vida.

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Anna Bolena Meléndez 10/04/2014 00:05
Cirila en Suiza

Cirila escribe:

“Estimada Cirila Ana:

“Hace tiempo te escribí porque te comenté que me gustaba un compañero de mi trabajo y yo tuve el valor de decirle que me agradaba. Ojalá recuerdes que la respuesta no fue satisfactoria, porque él me dijo que el problema era él, no yo; que me agradecía que me fijara en alguien como él, pero que yo merecía algo mejor.

“El tiempo pasó y poco a poco comenzamos a hablarnos bien, después de no hablarnos mucho por la incomodidad de la situación. Luego, a mí me surgieron proyectos por fuera de la empresa, pero necesitaba que me apoyaran para realizarlos.

“Entonces le pedí a Cirilo su ayuda, pero —aquí viene el pero— yo estaba poniendo mi barrera para no confundir las cosas y que se malinterpretara nuestro trabajo.

“Desde entonces, Cirilo se ha vuelto muy atento conmigo, me manda mensaje cuando por X razón no llego a trabajar, además, todo el tiempo estamos platicando por el chat, más que ahora ya no trabajo en la misma oficina que él.

“No sé cómo hacerle llegar el mensaje de que si él quiere algo, pues que se anime, porque él ha de pensar que yo le guardo rencor por la vez anterior y la verdad es que no… y pues, no sé qué hacer”. Cirila.

Queridas Cirilas del planeta de los enredos: por eso estamos como estamos, muchachas, ¡por Dios! Nos complicamos demasiado la vida. Todas, tanto tú, Cirila aquí firmante, como yo, como la Cirila vecina, como la ama de casa, como la gran empresaria; TODAS somos un enredo viviente y si nos aprendiéramos a simplificar la vida, todo sería muuuuuucho más fácil.

Ahí te va, Cirila, yo que tú, le hablaba de frente. Una vez más. Sí, no importa si la última vez todo salió en tu contra, si esta vez sientes que tú le gustas y que él está intentando algo, díselo. Pregúntale si eso que sientes que él siente es atinado o si estás alucinando. Eso sí, no vendas tus cartas, no muestres del todo tu juego, pero tampoco te veas muy amenazante. Tú, Suiza, bien neutral.

A las mujeres nos da miedo hablar con sinceridad ante lo que sentimos. Creemos que decirle a un hombre lo que tenemos dentro es arrojarnos a él.

Estamos equivocadas. No veo nada de escandaloso en decirle a alguien que nos gusta o mostrar nuestros sentimientos. Eso no es una invitación ni a la cama ni a una relación, eso es sólo mostrar un poco lo que hay para que, con base en eso, se puedan, o no, dar las cosas.

Si un Cirilo no toma con madurez el hecho de que una mujer hable sobre lo que siente y tenga la seguridad y las faldas bien puestas para afrontar la realidad y se comporta como un patán que abusa de esos sentimientos y esas confesiones, entonces mal por él.

Eso sí. Para hablar con honestidad, hay que estar preparada para oír la verdad y aceptarla, para ponerle bozal al ego y saber cómo aplacarlo cuando una negativa llegue por el camino. ¡Lo bueno es que, así, también llegan muchas cosas buenas para compensar!

Está en cada quien tomarse esa negativa como un rechazo digno de hacer drama o como la bendición de saber en qué terreno estás parada y hacia dónde seguir tu camino.

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