Soldadito fuera de combate

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Anna Bolena Meléndez 28/03/2014 00:00
Soldadito fuera de combate

“Cirila: no escribo para pedirte un consejo porque estoy segura  de qué es lo correcto para hacer en este caso. Más bien, te escribo porque me encantaría que le dijeras a los hombres, indirectamente al mío, lo desesperante que puede ser cuando te encuentras en una situación como la mía, en la que hablar de dicho problema es prácticamente imposible pues puedes atentar contra su frágil masculinidad.

Imagino que para este momento ya debes de saber de lo que hablo. Si me atrevo a escribirte es porque hace unos días publicaste un caso similar, y por eso me decidí, debió ser una señal. A diferencia de tu otro caso, ya llevo varios años de casada y mi marido comenzó a tener problemas, posiblemente por la edad, de disfunción eréctil, el problema es que no lo acepta.

Su libido se volvió prácticamente nula porque, imagino, tiene miedo a que no le funcione su soldadito y por eso ya ni intentarlo quiere. Cuando intento hablar con él, con toda la delicadeza del caso, igual se pone sensible y me dice que yo lo presiono mucho y que en una de esas, hasta es mi culpa. Te lo suplico, ¡diles algo!”

¡Vaya, Cirila! Si supieras que yo también he fantaseado algunas veces en mi vida con decirle a algunos Cirilos que superen el tema de su virilidad. Y es que no hay nada más tonto, por lo menos para nosotras, que ese desesperado empeño por poner a su “soldadito” por encima de todo en la vida.

No te vayas muy lejos, desde jóvenes, los hombres se debaten en quién tiene el soldadito más grande, más pequeño, más gordo o más flaco. Incluso, una de las mayores ofensas es decirle a otro hombre que lo tiene pequeño. Muchos, que aseguran tenerlo de proporciones tales que les genera orgullo divulgarlas a quienes no nos importa, son los que terminan siendo peores a la hora de la hora.

¡Por amor a Brasil 2014! ¡Ya superen a su soldadito de plomo! Cirilos, o sea, si de plano están teniendo problemas en el área del sur, enfréntenlo como hombres de verdad y acéptenlo. Cirila tiene razón, no hay nada más frustrante que intentar hablar con un Cirilo que claramente tiene su deficiencia en esa área y que se ponga pesado.

¡Ya basta! Si tú mismo sabes que estás teniendo un problemita a la hora de que tu cuerpo funcione para tener una relación sexual normal, lo mejor es que le quites tanto drama al asunto y hables con tu mujer. Las mujeres podemos ser mucho más comprensivas de lo que los Cirilos se imaginan. Si lo que piensas es que tu mujer se va a sentar a burlarse por horas porque estás pasando por un momento de disfunción sexual, estás equivocado.

Hablar las cosas naturalmente es mucho más sencillo que ponerle tanta crema al taco, sobre todo cuando estás hablando de una relación seria y de años. No tiene sentido hacer las cosas más difíciles de lo que ya son y, peor aún, perder tiempo valioso para, al final, terminar acudiendo a un doctor.

Hay muchas cosas que pueden causar disfunción, desde físicas hasta sicológicas y, las buenas noticias, son que la mayoría son reversibles. Eso sí, la cura no va a llegar anónimamente a la puerta de tu casa. Tienes que tomar la mano de tu mujer, que es quien está allí para apoyarte, y entre los dos buscar el camino con el que más cómodos se sientan.

Así que ya, Cirilos que defienden a su soldadito como si fuera de porcelana, un hombre bien hombre no necesita nada gigante entre las piernas que presumir, un hombre bien hombre es quien enfrenta los problemas, sin importar de qué se traten, con sensatez y valentía.

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