La mágica noche de bodas

Llegar virgen al matrimonio, hoy en día, me parece un tanto obsoleto...

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Anna Bolena Meléndez 26/03/2014 00:00
La mágica noche de bodas

Aprendizaje del día, por ActitudFEM: 25% de las parejas no tiene sexo la noche de bodas.

No sé por qué no me sorprende. La realidad es que el sexo para cuando la mayoría se casan ya no es novedad. Recuerdo cuando la sabia Samantha Jones aconsejó atinadamente a Charlotte que, antes de casarse, tuviera relaciones con su futuro marido: Cuando vas a comprar un carro pides la prueba de manejo, de lo contrario, no le metes todo tu dinero a ese carro sin saber, ni siquiera, si te gusta el paseo. Con el hombre de tu vida debe ser igual.

Y es que llegar virgen al matrimonio, hoy en día, me parece un tanto obsoleto y poco práctico, porque si bien el sexo no es todo en una pareja, todos, hasta los más mochos, saben que es parte importante. Imaginen que en la noche de bodas, cuando ya no hay marcha atrás, descubres que Cirilo y tú no son compatibles en la cama. No hay que darle chance a don Murphy de que haga de las suyas, si no, luego no se quejen.

No es ver las cosas superficialmente. No se trata de catalogar a tu nuevo esposo como buen o mal polvo, para mí no existe tal. Lo que sí existe es incompatibilidad a la hora de tener sexo. Sería una tragedia que descubras, una vez que la única marcha atrás es el divorcio, que tu Cirilo y tú no embonan cuando están desnudos.

Entonces, con esto dicho y sabiendo que hoy en día, antes de casarse, las técnicas amatorias del colchón son perfeccionadas por la gran, gran, gran mayoría de parejas, vamos a lo siguiente:

Ese 25% me parece una cifra muy conservadora. Casi podría aventurarme a decir, según mis propias encuestas en mi focus group ciriliano, que, por ahí, 50% de las parejas no tiene sexo después de su boda.

Y la deducción es simple: La noche de bodas no solamente estás exhausta porque bailaste en tacones sin control toda la noche; aunado a eso, cargaste un vestido de dos toneladas durante horas y horas. Además, tuviste que socializar como nunca en tu vida, caminar como desesperada, experimentar todo tipo de sensaciones, coordinar todos los contratiempos, querer matar a los proveedores en repetidas ocasiones, sin contar que ese día es la culminación de todas las angustias pasadas de los últimos varios meses.

Si a eso le sumas que durante esos mismos meses te alimentaste de lechuga y agua, te ejercitaste tanto que ya parecías parte del mobiliario del gimnasio, te hiciste tantas pruebas de maquillaje y peinado que te queda la mitad de tu cabellera y ni un solo poro destapado, y hablaste tanto por teléfono que la radiación celular alteró hasta a tus hormonas, entonces estoy quedándome corta.

La realidad es que no hay nada más bello y estresante que la organización de un matrimonio y, con ello, la ansiedad de que ese mismo día firmarás y te comprometerás a amar por el resto de tu vida a alguien.

Por eso, cuando llega la hora de quitarse el vestido blanco, es muy probable que ambos, que ya han tenido sexo por todos los rincones del planeta, lo único que quieran es dormir. Dormir con el maquillaje puesto y los mil ganchos que te han trepanado el cerebro durante el día, dormir sin que nada te apriete, con los pies en alto y con una sonrisa porque sobreviviste la primera prueba de todo matrimonio: organizar la boda.

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