Del olvido al amor, ¿hay un paso?

La vida te está dando la oportunidad de cerrar un ciclo adecuadamente. ¡Tómala!

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Anna Bolena Meléndez 25/03/2014 00:00
Del olvido al amor, ¿hay un paso?

“Cirila: Te escribo un poco desesperada, pues debo confesar que me daba un poco de oso escribirte para pedirte un consejo sobre lo que a continuación te cuento. Llevo leyéndote más de dos años, fecha en la que terminé con un novio, y una buena amiga me recomendó tu columna para que me aliviara con tus comentarios. La verdad sea dicha, te leo diario, pero nunca me atrevía a escribirte. Ahora lo hago porque, dos años después de leerte y de tronar con Cirilo, no puedo olvidarlo. Lo peor de todo es que lo saqué de mis redes sociales para no enterarme de nada de él. Le pedí a mis amigos cercanos que no me actualizaran sobre su vida.

Después de más de seis años de relación en la que no quiso casarse conmigo porque ‘no era del tipo casadero’,  lo único que necesitaba era olvidarme de él. Así lo hice. Mis amigos y familiares cumplieron su parte y nunca volví a escuchar su nombre. Fui fuerte, lo bloqueé para no darme tentaciones y así salí de mi despecho.

La semana pasada lo encontré en una cafetería. Iba con una mujer a la que no demoré verle el anillo de compromiso. Casi me da un infarto. Me puse nerviosa, dije un par de tonterías y casi salgo corriendo con el alma en las manos. Es oficial: no lo he superado y, para acabarla de amolar, está comprometido. Bueno, eso fue lo que pensé saliendo de allí. Por la noche, Cirilo me llamó. Contesté porque borré su celular y me apareció número desconocido. Normal, casual, contesté. Al oír su voz, se me aceleró todo, otra vez, casi me da un infarto.

Quiso explicarme y pues yo obvio le decía que no tenía que hacerlo, pero él insistía. Hasta que terminó diciéndome que se había casado hace dos meses. Ahí sí me dio el infarto. ¡Ya se casó! No pude contenerme y, mientras él me contaba sus chocoaventuras con su nueva esposa y el cómo fue que se volvió del tipo ‘casadero’,  lloré y lloré y lloré en silencio.

Ahora no puedo dejar de pensar en él. Estoy completamente enamorada de un exnovio con el que troné ya hace un montón, que creí superado y que, ahora, está casado. No sé qué hacer… ¡Ayuda!”.

Vaya que estás en un problema, Cirila. Lo bueno es que puedes salir de él. Primero que nada, el amor es así. Muchas veces creemos que poniendo una pared, sacándolos de nuestras redes sociales y exiliándolos al mundo de “los olvidados para siempre” estamos obligando a nuestro corazón a sanar. A veces funciona, pero a veces no.

Para olvidar a alguien no se necesita mandarlo tan lejos como a la Patagonia, sino estar convencida de que lo quieres/tienes/debes olvidar. Es como el vicio del cigarro. No importa que no vuelvas a pasar por una tienda donde vendan cigarros, ni que dejes de ir a fiestas para no toparte con gente fumando, ni que pierdas a tus amigas fumadoras, si no estás convencida de que tienes que, por tu salud, dejar de fumar, te encontrarás sola en tu casa, con antojo desesperado por un cigarrillo. Así que, como ves, lo primero es convencerte de todos los porqués debes olvidarlo.

A lo mejor, hace dos años que tronaste, lo que hiciste fue levantar esa pared imaginaria de papel que, en un segundo, Cirilo derrumbó cuando te lo encontraste. Ahora, vas a tener que echar hacia atrás y tú misma quemar los restos de esa pared de papel para construir una de cemento. Y vas a empezar por el hecho de que está casado.

No puedes hacer nada más que olvidarlo. Por tu bien y tu tranquilidad mental ¿Y cómo lo olvidas? Nadie dijo que era fácil, pero comienza por no azotarte. No sirve de nada que te deprimas y recaigas en el bote de helado de chocolate que te terminaste hace dos años.

Míralo con positivismo: la vida te está dando la oportunidad de cerrar un ciclo adecuadamente. ¡Tómala!

Reinvéntate, incluso, si quieres, cámbiate de look. Intenta nuevas cosas, sal a lugares que no hayas ido. Pídele ayuda a tus amigas; pero hazlo, todo, desde un lugar de luz y no desde la oscuridad de la depresión. Acuérdate que todo es actitud.

Infortunadamente no hay una fórmula exacta, más que el convencimiento de que quieres/tienes/debes olvidar a ese Cirilo.

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