La vida es un suspiro

Me encuentro en blanco, un sin palabras, pero buscando la mejor forma de hacerle un homenaje a esa dulce chica.

COMPARTIR 
Anna Bolena Meléndez 21/03/2014 00:00
La vida es un suspiro

Ayer la vida me pegó un zarandón. Esta vida compleja que nosotros hacemos más compleja y que debería ser simple, tan simple que cuando llegue la hora de irnos lo hagamos sin tanto equipaje.

Una amiga que fue cercana falleció, dejando a un joven esposo y a un chiquito de muy pocos años. No se necesitaba que no estuviera con nosotros para hablar hermoso de ella. Siempre fue una mujer alegre, positiva y con tanta energía que la contagiaba.

Así es que se va la vida, cuando uno menos se da cuenta. Cuando uno no lo espera, el espíritu vuela y se va en libertad a donde ahora llamará casa.

Si tan sólo pudiéramos tener las reflexiones sin perder a los seres queridos, si tan sólo pudiéramos disfrutar cada día y comprender sus bemoles, sin tener que pasar por ese momento en el que llega el fuerte zarandón.

Ahora me encuentro en blanco, un tanto sin palabras, pero buscando la mejor forma de hacerle un homenaje a esa dulce chica que por casualidades de la vida terminó siendo mi vecina. Con la que compartí tardes enteras cuando ninguna de las dos sabía muy bien qué nos depararía la vida.

Parece que la escuchara, en esa risa contagiosa que alcanzaba a oír desde mi departamento y que me hacía sonreír cuando me encontraba sola. Son esos seres de luz que llegan a tu vida y que no entiendes por qué se van, seguro porque ya cumplieron su misión y tienen que ir a iluminar otras dimensiones y otros parajes.

Una vez más entiende uno que esta vida no tiene ni una sola garantía. Que más nos vale vivirla sin descanso, no vaya a ser que se nos escape y segundos antes de irnos nos arrepintamos de lo que no vivimos, de lo que no fuimos, de lo que nos dio pereza o miedo intentar.

El corazón se hace pasita cuando alguien cercano se va, no sólo por el dolor de saber que nunca más lo vas a ver sino porque se refleja en nosotros mismos ese miedo a la espontánea posibilidad de ser uno quien deje de existir.

Y no es que al pensarlo lo llame, es que al pensarlo se aterriza. Lo vuelve una realidad de la cual nadie tiene escapatoria, una verdad que no se interrumpe, no se corrompe ni se despista.

La muerte es tan ella que así siempre estará: de lejos, de cerca, aunque a veces nos olvidemos que esta carne es frágil y sus blancas manos son de acero.

Al cielo envío mi profundo dolor por su familia que se queda. Porque la resignación los cobije, porque su risa se escuche desde allá a donde haya decidido irse, desde donde nos observe, desde donde cuide a su bebé y ame eternamente a su esposo.

A la tierra envío mi promesa de comprender un poco más esta bella vida que cada día nos enseña, que cada día nos alecciona de maneras insospechadas y que nos ruega por abrir los ojos a la tarea más sencilla y bella que tenemos en las manos: vivir.

Mucha vida.

                www.twitter.com/AlasdeOrquidea

                Annie@TaconesyCorbatas.com

                www.taconesycorbatas.com

                www.alasdeorquidea.com

                www.facebook.com/AlasdeOrquidea

Comparte esta entrada

Comentarios