Mi esposa, el conejo y yo

Mientras más abierto estés a experimentar más divertida será tu vida sexual.

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Anna Bolena Meléndez 20/03/2014 00:00
Mi esposa, el conejo y yo

Debo confesar que nunca en la vida me había hecho reír tanto un correo. No tengo idea si fue una broma (si sí, la agradezco, fue muy buena) y si no, por favor, Cirilo, tienes que verle, en algún punto del camino, lo chistoso a esto.

“Querida Cirila: estoy profundamente consternado por mi situación sexual con mi esposa. Ahí te va el preámbulo: la conocí hace cinco años y no tardamos ni cuatro meses en estar comprometidos, el sexo era maravilloso, el amor increíble, los besos duraban para siempre. Nos casamos y ahora,  con casi cinco años de matrimonio y un hijo de dos, mi mujer me pide que traiga a otro a la cama…”

Para este punto del correo, mi mandíbula cayó al suelo y seguí leyendo tan interesada como jamás…

“Resulta que se nos ocurrió ir juntos a una sex shop, en donde había cualquier cantidad de aparatos que nos prometían reavivar la ignición de la chispa que, ambos, nos negábamos a creer que se había perdido. Fue cuando dimos con un aparato bastante intimidante y morado como de goma llamado ‘el conejo’.

“Mi esposa se interesó mucho en él por sus funciones, sin embargo, no supimos de verdad de dichas funciones sino hasta que lo prendimos en la cama. El aparato no sólo tiene diferentes tipos de movimientos: circulares, vibratorios, en diferentes velocidades, sino que, además, tiene la posibilidad de hacer combinaciones de estos movimientos; todo un avance de la tecnología.

“La primera vez que lo usamos, mi esposa me pidió que tuviera cuidado, el tamaño era tan intimidante que ambos teníamos miedo de que ella saliera lastimada y nuestra experiencia resultara fallida.

“Pero todo salió de maravilla, nunca en la vida había visto a mi mujer convulsionarse de tal manera al tener un orgasmo. ¡Bravo! Nuestro nuevo juguete fue todo un éxito.

“La siguiente vez que tuvimos relaciones, a la mitad del juego, me pidió por el conejo. Claro, como buena niña con juguete nuevo, imaginé que sería así por las próximas ocasiones hasta que se pasara la fiebre. Ya llevamos más de tres meses en los que aproximadamente tenemos relaciones de tres a cuatro veces por semana y ni una sola vez ha querido tener sexo sólo conmigo. Ahora siempre pide por su conejo ¡Claro! Yo jamás en la vida podría hacer lo que ese aparato hace y por ende, jamás podré lograr la satisfacción de tan avanzado juguetito.

“Dime algo, Cirila: ¿Los hombres vamos a quedar inservibles en cuanto a placer se refiere? ¿Ese es nuestro destino?”

No pude evitarlo, reí, reí, reí y reí más. No por la situación en sí, sino porque la pregunta que formula este Cirilo podría no sonar tan descabellada. Es verdad, cada día los avances en cuanto a juguetes sexuales son abismales. No sólo el conejo, si uno simplemente se asoma a una sex shop podrá ver que se tiene para todos los gustos y fetiches posibles.

Sin embargo, estos juguetes, aunque muy efectivos, son simplemente juguetes. Una mujer soltera puede tener su cajón de la mesa de noche llena de ellos, pero jamás dejará de buscar a un hombre con quien reemplazarlos, o utilizarlos.

El que tu mujer te pida invitar al conejito a un threesome, no es más que un juego picante en el que tú también sales beneficiado. Si todos los hombres fueran igual de abiertos que tú, que aceptan llevar juguetes a la cama para que su mujer goce de lo lindo, te aseguro que muchas menos relaciones caerían en la monotonía sexual.

Te invito a que invites, cada que ella quiera, a su conejo, mientras más abierto estés a experimentar más divertida será, hoy y siempre, tu vida sexual.

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