Infidelidad emocional

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Anna Bolena Meléndez 13/03/2014 00:01
Infidelidad emocional

¡Uff! Nada más de pensar en la figura me dan ñáñaras. Lo bueno es que cuando te atreviste a vivir una extensa soltería, llena de experiencias, buenas, malas, tontas y hasta sinsentido, ello te lleva a alejarte de los escenarios escabrosos y contárselo a quien más confianza le tengas.

Una Cirila me escribió pidiendo un consejo. Resulta que vive con su novio hace más de ocho años, se confiesa enamorada aunque en una etapa un tanto monótona. Su relación es bonita, no pelean seguido, pero eso no significa que esté teniendo aventuras que le eleven la chispa. El sexo es un tanto predecible y como por no dejar pasar tanto tiempo entre actos.

Con este escenario, que si bien no es desesperanzador, tampoco es de ¡hurra! Cirila comenzó a fomentar una amistad en su oficina con un chico que le hace saltar el corazón, que la pone nerviosa, por quien se arregla cada mañana y con quien fantasea cuando hace el amor con su novio de planta. ¡Santos entuertos, Batman!

Cirila asegura no haber tenido nada con su “amigo especial”, por lo menos nada físico, pero sí confiesa que han estado cerca y ella es la que se quita porque no quiere arruinar su relación y ponerle el cuerno a su pareja. Sin embargo, siente que este chico la lleva a las estrellas y de regreso y Cirilo-amigo-especial la insta a que deje a su novio y tenga una relación seria con él.

Obvio, Cirilo-chico-especial se ha ido enamorando de Cirila maravillosa que gobierna sus propios deseos con tal de no ser infiel. Aunque, no nos engañemos, la infidelidad no es necesariamente física, la infidelidad emocional existe y ésta es peligrosa, muuuuuuuuuuuuuy peligrosa (creo que me faltó una “u”).

¿Mi consejo? Difícil. Muuuuuuuuuuuuuuy difícil (ahora me sobró).

El pequeño problemita es que una vez los sentimientos andan de metiches, probablemente todo valga madres para siempre. Si Cirila ha desarrollado sentimientos genuinos por este nuevo chico que le hace ignición a su chispa dormida, una vez se aleje de él, lo extrañará y hasta se enojará, sin quererlo, con su novio y si antes no peleaban ahora se deviene Troya.

Las mujeres somos especialistas en sabotear nuestra propia vida inconscientemente. En una de esas lo hacemos conscientes, pero es mejor echarle la culpa a nuestra Cirila interna. Si Cirila, de verdad, está enamorada de este nuevo Cirilo, encontrará la forma de arruinar su relación para, entonces, poder estar con el otro, con los argumentos de que su relación, ahora sí, estaba del carajo.

¿Ser honesta con ella misma? Puede ser… nunca hay que dejar de serlo, pero estoy segura de que, en estas situaciones, la honestidad es un albur porque lo que reina en tu cabeza es la confusión (eso que se inventó “Confusio”).

Así que no queda de otra más que ser increíblemente sensata y ponerse en etapa de prueba. Darse un lapso en el que toca alejarse de ese otro chico que te anda moviendo el tapete y meterle toda la ficha a tu relación, a ver, si en una de esas la recuperas.

Lo que no se nos puede olvidar, NUNCA, es que, eventualmente esa relación llena de magia, chispas y maripositas en el estómago también se sedimenta y si cada que se nos sedimente una relación vamos a salir corriendo a buscar la que nos revuelca las entrañas, entonces NUNCA tendremos una relación estable (curioso porque la mayoría de las mujeres buscamos eso).

La estabilidad tiene otro tipo de belleza a la aventura inicial, y si no sabemos apreciarla y fomentarla, entonces estos escenarios que nos generan mucha ansiedad se repetirán una y otra vez en nuestra vida. El verdadero reto de la vida emocional, no es encontrar muchas personas que te prendan la chispa, eso es fácil, sino mantener la chispa en una relación estable.

Y eso requiere dedicación, muuuuuuuuuuuucha dedicación (me faltaron varias “úes”)

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