Compleja misión

La vida pone a prueba mi verdadera bondad, ética y sensibilidad.

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Anna Bolena Meléndez 12/03/2014 00:00
Compleja misión

La vida te pone a vivir determinadas cosas que inevitablemente te hacen reflexionar. Algunas de estas cosas te afectan directamente, otras no, otras simplemente las ves desde la barrera en la que nada duele, por lo menos no en el propio cuero.

Una de esas situaciones me puso a pensar ¿qué es realmente la lealtad? Y con todas las tripas con las que suelo contestarme cuando estoy dolida por algo, me respondí.

Para conocer la lealtad hay que ser, primero, leal con uno mismo. No puedes ser leal con alguien más si no lo eres contigo mismo. Ser leal es estar. Estar cuando estás bien y estar cuando estás mal, pero intentar estar, de la mejor manera que puedas, de la forma en que en ese momento la vida te dé a entender, pero nunca abandonar.

En este barco de la vida son muchos los que nos dan la espalda. No falta el que tiene un gran puesto y le sobran los amigos, pero cuando cae en el desempleo y se le cierra el chorro de la fuente eterna de favores para todo el mundo, es abandonado como si nunca hubiera sido requerido. Mucha gente sólo está esperando a ver qué puede sacar de todo aquel que se le acerca y una vez deja de servir: “si te vi, no te conozco”. Es triste.

Es triste ver que este mundo nos mantiene probando de mil y un maneras y no todos pasan la prueba (¿o pasamos?, aún no lo sé), muchos siguen su camino sin mosquearse por lo que pasa a su alrededor y con la ceguera causada por la ignorancia que, lo bueno, anestesia las emociones.

Pero siempre tenemos la opción, siempre tendremos la oportunidad en nuestras manos de hacer lo correcto o de cegarnos con ignorancia y con comodidad. El camino difícil es el más prolífero, eso sin duda, y el fácil, aunque se dibuje en línea recta, es un camino interminable que nunca llegará a ningún lado tan satisfactorio.

¿Y la lealtad? ¿En qué parte del camino se aplica? Ésa se aplica a cada paso que uno da, siempre y cuando nos obliguemos a la congruencia permanente. La lealtad no es egoísta, de hecho, la lealtad es, a veces, dolorosa para el ego; porque si bien siempre nos dicen que hagamos las cosas bien hechas, también el “bien” se puede tergiversar ¿el bien para quién?

Y así se nos va la vida, creyendo que actuamos de la mejor manera, cuando en realidad actuamos de la mejor manera para nosotros mismos y olvidando que con nuestro egoísmo podemos afectar de formas inimaginables a quienes más cercanos tenemos.

La lealtad comienza con uno, pero no con hacer lo que a uno le convenga solamente y el resto que se caiga, sino en hacer lo que la conciencia dicta que es lo correcto, sin importar que eso me beneficie o me perjudique. Es saber asumir las cosas, sin miedo, sin pena y con la sabiduría de que siempre y cuando tomes acciones éticamente, el universo sabrá proveerte de un premio, aunque al principio no parezca así.

A lo mejor por eso el mundo está como está. Porque todos buscamos nuestro propio bien, nuestro propio beneficio, porque olvidamos que ser leales con nosotros, no significa cargarnos a los demás, sino ser consecuentes con la bondad del alma, con uno, pero también con el prójimo.

Ahora me siento en una de estas situaciones, en las que la vida pone a prueba mi verdadera bondad, ética y sensibilidad humana. Espero salir triunfante de tan compleja misión.

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