El peor vicio es la necedad

Así fumes sólo un cigarro al día, cada bocanada que das te enferma...

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Anna Bolena Meléndez 05/03/2014 00:00
El peor vicio es la necedad

Recuerdo cuando en México pusieron la ley que impide fumar en establecimientos cerrados. Juro por lo más sagrado que hoy leo esa columna que escribí y me doy oso. ¡Pero qué idiota fui!

Tras de que yo era la que andaba contaminándole el aire a los demás que no tenían la culpa de mi porquería de vicio, me atreví a quejarme públicamente de algo que hace todo el sentido, sobre todo cuando eres una persona que no fuma.

Hoy en día no fumo. Gracias doy a mi marido que fue el que me puso el ultimátum y me dio a escoger entre mi amor por él (y el mío propio) y la basura de vicio que es el cigarrillo. Hoy, que ya odio hasta el olor del tabaco, comprendo que prender un cigarrillo va en contra de la vida propia y de la de los que te rodean.

Pero es que los seres humanos, de verdad, que somos químicamente idiotas, con todo y que vemos por todos los medios que un vicio como el cigarrillo nos resta vida y, cuando estamos prendados de él, no nos da la gana darnos cuenta.

No falta el descarado que prende un cigarro cuando hay gente aún comiendo en la mesa. Yo fui parte de esa camada de insensatos que no se dan cuenta de su falla cuando les importa un bledo que otra persona esté tratando de comer. “A mí no me importa que comas mientras fumo”, se atreven algunos a bromear como si de verdad fuera chistoso.

Hay miles de personas muriendo de cáncer por culpa del maldito cigarro; pero esa droga sí es legal… seguro le funciona a los gobiernos del mundo. Hay miles de bebés naciendo con enfermedades porque sus madres no tienen el menor recato de, con toda la información que hay al respecto, dejar de fumar mientras gestan a su criatura.  Hay miles de jóvenes arraigándose a ese pinchurriendo vicio solamente porque con la mayoría de edad puedes acceder a una cajetilla.

¿Las drogas? ¡Que Satán las guarde en su harem de pecados! Pero que el cigarrillo se venda en todos lados del mundo sin la menor restricción, ¡total, ese casi ni hace daño! Como si poner la foto de unos dientes podridos o un pulmón deshecho hiciera detenerse a los fumadores en su batalla por morirse rapidito. Como si el cáncer de pulmón y el de garganta no fueran de los peores problemas del sistema de salud social.

Ahora me da vergüenza. Me da pena haber sido tan descarada al quejarme por una ley que hoy, que soy una persona limpia de nicotina y alquitrán, me beneficia. Me da vergüenza haber prendido un cigarro en la casa de alguien no fumador, me apena haber sido tan necia, tan terca y testaruda de no escuchar a mis seres queridos cuando me decían que esa porquería de humo les molestaba.

Hoy me doy cuenta del terrible vicio que me estaba consumiendo. Del terrible olor de boca que mantenía, del olor de mi pelo, de mis dientes amarillos, de mis uñas pergaminosas, de mi falta de gusto, de mi terrible olfato. Hoy, que por fin me saben los alimentos diferente, que huelo las cosas a distancia y que no me asfixio cuando camino una cuadra, doy gracias a la vida por orillarme a dejar a un lado ese maldito vicio.

Ojalá tú, lector que fuma como chacuaco, te sientas inspirado a dejar ese vicio terrible que, aunque no quieras darte cuenta, te está matando. Así fumes “socialmente”, así sea “sólo uno en el día”, cada bocanada que das te enferma el cuerpo y es un daño que, llegará un punto, será irreversible. 

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