Cirilo en las nubes

Si Cirila quiere que le lleves un detalle, es porque le hace falta.

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Anna Bolena Meléndez 25/02/2014 00:06
Cirilo en las nubes

¡Ching! ¡Ching! (efecto de sonido, no del verbo chingar) ¡Correo nuevo!

“Cirila, Cirila, soy un hombre de negocios que viaja todas las semanas. Los fines de semana los dedico a mi mujer y mis hijos, pero mi esposa me reclama continuamente por qué no le llevo un detalle de cada viaje que hago. ¡Cómo le explico que no tengo ni tiempo de ir al baño! Entonces, cada que vuelvo es la misma desilusión para ella y la misma frustración para mí. ¿Qué hago?”

Muchas mujeres padecen la viajadera del marido. Hay hombres que se van de lunes a viernes, y el fin de semana vuelven cansados, con ganas de dormir y de disfrutar su cama. Están hasta la madre de hoteles, de comidas fuera, de desvelos y tensiones.

Hartos de aviones, de salas de espera, de agentes aduanales malencarados y aviones retrasados.

Pero eso no quiere decir que uno como mujer no sufra la viajadera de su marido, menos cuando tiene hijos. Es obvio que si el hombre tiene que viajar, pues tiene que viajar, nada qué hacer. Los detalles de la negociación entre Cirila y Cirilo para equilibrar el tiempo fuera de casa, se quedan entre las cuatro paredes de su habitación, pero lo que sí debo aconsejar siempre, para ambos casos es PACIENCIA.

Yo debo confesar que cuando mi Mr. JC sale de viaje, ya sé que no podré dormir durante su estadía fuera, las comidas se me desorganizan y soy el claro ejemplo de por qué los TIMBIRICHES cantaban “Soy un desastre cuando tú te vas de casa…”

Personalmente no espero regalos de estos viajes, pero espero que se comunique conmigo constantemente, quiero saber que está bien, que llegó al hotel y que se encuentra sano y salvo en su habitación.

Así fue nuestra primera negociación. Un día que el pobre anduvo tan en friega que no me pudo ni llamar. O bueno, ese fue su argumento. Mi pregunta: “¿Tampoco pudiste hacer pipí en todo el día?”, su respuesta “¡sí, obvio!”, mi peloteo: “entonces así como te levantas de una reunión para ir al baño a hacer pipí, levántate dos minutos o tómate dos segundos para mandarme un mensaje —estoy bien, te llamo al rato—” y voilá, cero problema, yo quedo feliz y él se puede relajar en sus reuniones de 12 horas.

Si Cirila quiere que le lleves un detalle, es porque le hace falta. No porque quiera unos chocolates o una blusa, sino porque tenerte tan lejos la hace querer reconfirmarse que en tu lejanía, aunque tuvieras juntas de 12 horas o la situación de la oficina esté color de hormiga, pensaste en ella.

Por eso negocia, pero no negocies como si fueran matemáticas, sino de manera tal que tú no dejes de ser tú y ella tenga lo que desea. A lo mejor uno de cada tres viajes le regalas algo bonito. A lo mejor cuando no es un detalle, le tomas una foto a algo lindo y se la mandas por mensaje con un “pienso en ti”; a lo mejor puedes rescatarle del puesto de revistas, la revista que tanto le gusta, en una de esas puedes comprarle en el duty free una crema para las manos.

Si lo que ella necesita es que le compenses tu ausencia, hazlo, no mires los detalles como cosas que le tienes que comprar, mira más allá, piensa en qué podrías hacer tú para que ella se sienta feliz y con más ganas de apoyarte cuando te vas de casa.

¡Sigue siendo su héroe! Piensa en que cualquier cosa que le regales, así sea una postal o un perfume, ella lo que va a ver es tu intención de agradarla, de recordarle que la extrañaste, que aunque apenas tuviste tiempo de ir al baño, ella siempre está presente en tu mente. Y luego… disfruta de los resultados (esa es la mejor parte).

Eso es lo que las mujeres pedimos cuando nos referimos a detalles, sólo una simple muestra de que su amor por nosotras late fuerte sin importar la presurización.

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