Amor impredecible

Cirila y Cirilo se conocieron cuando eran adolescentes. Luego, la vida los separó.

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Anna Bolena Meléndez 10/02/2014 00:00
Amor impredecible

El amor es subjetivo e impredecible. Me enteré de una historia que me sorprendió, y debo confesar que ya no me sorprendo fácilmente. Una vez uno dedica su tiempo a escuchar historias de amor y desamor, a oír a la gente que, con el afán de ser atendida, te cuenta sus más profundas historias, puedes dejar de admirarte, pero, les digo, que esta en específico, me dejó boquiabierta.

Resulta que Cirila y Cirilo se conocieron hace años, cuando eran adolescentes. Luego, la vida los separó y cada uno tomó su camino. 25 años después se reencontraron gracias a las mieles de las redes sociales y decidieron tener, durante varios meses una relación a larga distancia. Cirilo en Norteamérica, Cirila en Europa.

Pero por esas cosas de la vida, ninguno de los dos podía viajar a reencontrarse en persona. Los meses siguieron pasando y el amor se fue haciendo fuerte. Fue entonces cuando ambos, con la firmeza de darse un clavado al espacio, decidieron casarse para poder, por fin, unir sus vidas.

Ahora sí, esto se puso bueno; Cirila, vestido de novia en mano, tomó un avión rumbo a la ciudad de Cirilo, y emprendió el viaje en el que conocería a la familia de Cirilo y, no sólo eso, reconocería al hombre con el que ya había aceptado casarse.

“¡OMG!”, fue lo único que pensé al escuchar que un matrimonio se fraguaba sin que los novios se re-conocieran personalmente.

Porque eso sí les digo, y seguramente ustedes también lo están pensando, una cosa es conocer a alguien en el pasado y otra muy diferente reencontrarlo 20 años después. Me ha sucedido, con gente con la que estudié en el colegio (y no han pasado 25 años) que no tenemos nada en común de lo que alguna vez tuvimos.

Cirilos que en el pasado me volvieron loca, ahora los veo y digo: “¿neta?, ¿él me gustó?, ¿por?”, y no solamente porque su físico cambia, de hecho eso es lo de menos, sino porque su forma de ser, sus objetivos, su esencia, son otros; o probablemente la que cambió fui yo o los dos, o como sea, simplemente ya no pegamos.

Ahora, uno puede pensar “bueno, pero de eso sí te puedes dar cuenta por Skype”, probablemente sí, pero eso mágico llamado química solamente se tiene una vez que estás frente a frente, una vez pruebas su boca, hueles su cuerpo, te refugias en sus brazos. Cuando uno no embona, no embona y punto, no hay nada qué hacer.

Entonces, se imaginarán, que el solo hecho de pensar que esta Cirila se fuera prácticamente vestida de novia, a encontrarse con este Cirilo que ya parecía ser su príncipe azul, después de no verse en persona durante tantísimo tiempo, me ponía los nervios de punta.

Al fin, Cirila llegó a la ciudad de Cirilo, se vieron, se abrazaron, se besaron instantáneamente y esa misma noche él le dio su anillo de compromiso que, curiosamente, le quedó perfecto (esas cosas de la vida, porque normalmente el chinchoso anillo de compromiso siempre queda o grande o pequeño).

Y así, ella conoció por tres semanas al que sería su futuro marido y entonces se casaron, después de 25 años de no verse, de unos cuantos meses de conocerse por medio de una pantalla de computadora y de tomar esa grandísima decisión con el puro corazón como consejero.

Por eso digo que nada deja de sorprenderme, aunque a veces piense que se acabaron las sorpresas.

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