En teoría, lo que sirve, es la inspiración

En la universidad a uno no le enseñan algunas cosas que son importantes.

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Anna Bolena Meléndez 06/02/2014 00:00
En teoría, lo que sirve, es la inspiración

Es increíble la cantidad de fuentes de inspiración que uno encuentra cuando aprende a abrir los ojos. Una de las preguntas que más me hace la gente cuando se enteran de que escribo de lunes a viernes es ¿cómo le haces para escribir diario de algo? Lo que me sorprende es que a todo el mundo le sorprende más que a mí.

Yo, por mi parte, ya hice un oficio que no me dio la universidad. Estudié la carrera de publicidad, aunque debo confesar que lo que a mí me dio el campo es la práctica, eso sí... no soy publicista.

Estoy segura de que por buena que sea la universidad uno no aprende más que una serie de herramientas que, poco a poco, con el tiempo, te das cuenta que son unos cuantos aprendizajes de salón y que según la carrera, en mi caso, me habría ahorrado el tiempo frente a un pizarrón y lo habría cambiado, a ojo cerrado, por el tiempo en una agencia de publicidad.

¿Qué aprende uno en la universidad? Aprendes que no te enseñan lo necesario para enfrentar la vida real de tu profesión. Aprendes que de nada sirve saberse la teoría de pe a pa, a menos que sea para pasar un examen. La teoría, para mí, no es más que un montón de información que rara vez recuerdas al ciento por ciento. Sólo algunas cosas se quedan y se convierten en una especie de instinto profesional.

Pero es que en la universidad, así como en el colegio, a uno no le enseñan algunas cosas que son muy importantes, probablemente más que la teoría.

Antes de irme hacia ese terreno, debo contarles que estoy estudiando fotografía, la estudio a larga distancia, la estudio por medio de videos de grandes fotógrafos que también educan, la estudio cada que agarro mi cámara y hago fotos para un cliente, la estudio cuando el sol le cae a una planta e imagino de qué lado se vería mejor la imagen.

En la universidad tuve clases de fotografía. Aprendí cómo usar la apertura con respecto a la velocidad, aprendí que hay un número gigante de lentes que no comprendes hasta que no los usas, aprendí a meterme en el cuarto oscuro a darme besos con mi novio en turno, bueno… y a revelar un par de negativos. Pero todo eso se me olvidó.

Hoy, a más de diez años de estudiar en la universidad, tuve que volver a aprender de cero y, confieso también, que lo que los profesores (que rara vez ejercen) decidieron que yo debía aprender en un semestre ahora lo reaprendí en seis horas, con una cámara en la mano y, eso sí, con MUCHAS ganas de aprender.

Pero lo que aprendí de una profesora, una de las fotógrafas más HOT de la industria en Estados Unidos, es que nunca, jamás en la vida, tu negocio debe ser más importante que tu familia.

¡BANG! Maravillosa enseñanza, inspiración inmediata, esto nunca me lo dijeron en la universidad.

Esta mujer, que gana miles, cientos de miles de dólares al año, artista fotógrafa de bodas, no sólo me enseña su arte y cómo hacerlo mío, sino que me transmite la importancia de, como mujer, buscar el equilibrio perfecto entre mi familia y mi negocio.

Ahora, me encuentro estudiando no por una nota sino por aprendizaje, ahora me encuentro sacando las calificaciones que jamás saqué en la universidad y que estoy segura que habrían hecho sentir orgullosa a mi madre cuando mis notas estaban llenas de panzazos. Pero ahora la diferencia es que estudio inspirada.

Inspirada por lo que realmente amo hacer, por el oficio que escribir durante seis años aquí me ha dado, inspirada por querer ser mejor, por brillar, por aprender lo que me inspira.

Y así es como saco el tema de columna diariamente, no dejando que la inspiración llegue, sino buscando todo eso que me inspira de las personas.

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