Corazón multicultural

Siempre hay una forma de lidiar con la diversidad.

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Anna Bolena Meléndez 23/01/2014 00:00
Corazón multicultural

Pregunta del día: ¿Cuáles son los pros y los contras de enamorarse de una persona de otro país/cultura? (si quieren ser la pregunta del día escriban a taconesycorbatas@gmail.com)

En el amor casi siempre hay más pros que contras. Soy de la idea de que las diferencias nos hacen ricos frente a otras personas. El acento distinto al nuestro resulta atractivo —sobre todo cuando te melosean al oído—, las anécdotas en lugares exóticos nos llaman la atención —y si te promete llevarte ahí con él, mucho mejor—, el hecho de que la suegra se encuentre a millones de kilómetros de distancia es muuuuy atractivo —tú no, Tere, tú eres la mejor suegra del universo—… En fin, el hecho de que nuestro corazoncito se fije en un extrangerín sabrosín con bonitez exagerada, resulta sexy, sexy, sexy a la milésima potencia.

Ahora, no todo en esta vida es blanco ni es negro, mucho menos rosa, porque la diferencia de culturas sí pude resultar un problema para algunas parejas.

Voy a poner un burdo ejemplo sin nombres propios de países para que luego no se me ofendan en su propia diversidad de susceptibilidades.

Una vez un Cirilo de cultura un tanto machista, se enamoró de una Cirila de cultura un tanto liberal, sí, al principio fueron fuegos pirotécnicos, justo cuando Cirilo gozaba de la libertad sexual de Cirila en la cama. Pero una vez que las cosas se establecieron, los juegos pirotécnicos vinieron a explotarles en sus respectivos traseros, pues la libertad sexual de Cirila amenazó al anquilosado machismo de Cirilo y él osó prohibirle ir al gimnasio con pants pegados. Hasta ahí los llevó el tren.

En otra ocasión, Cirila latina se enamoró de Cirilo norteamericano. Un chico de largo pelo rubio y ojos azules que le ofreció matrimonio y una bella casa en los suburbios gringolandios con un BBQ en el jardín y la posibilidad de un pasaporte azul. Cirila arraigada a su familia como la uña a la carne, aceptó el anillo esperando que la casa suburbiana se pudiera cambiar a la del barrio cerca de su madre, que el BBQ en el jardín tuviera espacio para las tortillas y que el pasaporte azul tuviera cara de visa para viajar a visitar a sus suegros. Cirilo de largo pelo rubio y ojos azules le dijo “gracias, pero no, gracias”, agarró su anillo, su propuesta de casa suburbiana, su BBQ y su pasaporte azul para nunca volver. Hasta ahí los llevó el río.

Pero no todos esos casos son igual de depresivos: Cirila italiana conoció a Cirilo argentino por ICQ (imaginen nada más la época de la que les estoy hablando). Cirilo argentino se mudó de país al que su Cirila italiana vivía y tuvieron una Cirilita con tres nacionalidades. Todo al mejor estilo sencishito y carismático. Ellos aún  navegan en su feliz río del amor italo–argentino.

Cirilita colombiana entregó su corazón a Cirilé Francé de la paix de la voilá, vu le vu cushé avec moi (qué bonito hablo francés…). Ella hablaba menos francés del que yo hablo (o sea, nulito, nulito), y aun así se comunicaron a punta de besos franceses y se la llevó a la ciudad de la Torre Eiffel a tener hijitos francesitos que no hablan ni soca de español.

La cultura y el país de residencia de las personas, definitivamente, sí pueden influir y complicar las cosas a la hora de enamorarse, sobre todo si las culturas son extremadamente diferentes. O sea, dudo mucho que una española topless pegue con un musulmán ortodoxo, pero mientras las proporciones se mantengan y con diferencia de cultura no se refiera a que parecieran hasta de diferentes especies, siempre hay una forma de lidiar con la diversidad.

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