Las nuevas mamás

No por desear fervientemente un bello hogar, se es menos mujer.

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Anna Bolena Meléndez 20/01/2014 00:00
Las nuevas mamás

La vida nos obliga a evolucionar. Evolucionamos en nuestras relaciones, en la forma de ver el amor, en cómo afrontamos nuestra profesión; incluso en la forma de ser madres.

Hay una nueva ola de madres, con esto no digo que sea mejor o peor que la que conocemos, sino que, una vez más, la vida me muestra que cada paso que damos como civilización, lo damos cambiantes, nunca quedándonos en los estándares pasados que conocemos como “normales”.

Hace unos días me fui a tomar un café con una amiga soltera que se encuentra en la mitad de sus treintas y próxima a estrenarse como empresaria. Una mujer íntegra que no acepta a cualquier hombre para su pareja, aunque no le de pena aceptar que sí quiere casarse, que sí quiere tener hijos y que sí quiere un matrimonio convencional en el que pueda hacerse viejita y terminar su vida acompañada.

Muy valiente de su parte, en esta época, llenarse la boca al decir que sí espera algo por lo que muchas mujeres new age la crucificarían. Por mi parte, me gusta su honestidad y la comparto. No por desear fervientemente un bello hogar, se es menos mujer.

Así, como buenas mujeres treintonas, inevitablemente terminamos hablando de la maternidad y esta nueva forma de verla para las que, solteras o casadas, deciden pasar de sus treintas y esperar a que el momento adecuado llegue para ser mamá.

Hay mujeres que desean ser madres jóvenes, sus argumentos se basan en que tienen más fuerza, más paciencia y, además, dejan de cuidar niños cuando aún siguen siendo jóvenes para disfrutar de su adultez sin carriolas o adolescentes que lidiar.

Otras sueñan con casarse para embarazarse en la luna de miel. No importa cuán jóvenes estén, el matrimonio no tiene sentido si no conciben cuanto antes al que será el primero de una fila de chilpayatitos.

Esta nueva ola de madres, que pasan de sus treintas. Algunas porque no encontraron al Cirilo ideal con quien tener un hijo, otras por decisión propia de gozarse su juventud hasta sacarle la última gota de jugo, entonces sí, aprovechando que nuestra biología cada vez nos da más años con el reloj andando, se embarazan.

Estas nuevas mamás, que aún no encuentran a su Cirilo ideal, tienen un plan B, que es ir a un banco de esperma y tener un hijo a buen tiempo, si es que el príncipe azul no llegó antes de que la carroza se convirtiera en calabaza. Asimismo, las que ya están con Cirilo a bordo de su carroza del matrimonio, desean construir una vida en pareja, con todo lo que ello implica antes de dar el gran paso.

Estas nuevas madres se preparan para ser madres, ¿serán madres más maduras? ¿Probablemente más pacientes? ¿Serán madres más sabias? ¿Con menos pendientes que no hicieron en su vida? Estas nuevas madres preparan todo a su alrededor para la futura llegada de un niño. Preparan su cuerpo con alimentación que abone el terreno de su vientre para recibirlo, se preparan con su pareja, planean una educación.

Estas nuevas madres serán madres criadoras hasta bien avanzada su edad, pero toda esa sabiduría que algunas madres adquieren cuando sus hijos son adolescentes, estas nuevas madres la tienen cuando apenas es un bebé.

Me pregunto qué resultado llegará de estas nuevas madres, de estas nuevas familias que construyen un todo antes de darle la bienvenida a un bebé. Me pregunto si este nuevo experimento de madres primerizas, a mediados de sus treintas, dará el resultado que hoy casi puedo estar convencida que es un buen camino, de los muchos que hay, para afrontar la maternidad.

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