Amor de papá

Es el padre quien da las bases de autoestima e inyectará seguridad.

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Anna Bolena Meléndez 17/01/2014 00:00
Amor de papá

Me encontré con un artículo que habla sobre la relación un tanto mutualista y maravillosa que pueden tener un padre y una hija, no pude evitar agradecer a la vida por el padre que me tocó que, sin esa guía, cómplice de la de mi madre, no sería la mujer que hoy soy.

El amor de padre es tan importante para la hija, desde que nace hasta su adultez, porque es él quien le da las bases de autoestima, el que la inyectará de seguridad y de lo necesario para sentirse capaz de todo.

Estudios demuestran que las mujeres que no gozan de un padre bueno, son propensas a desarrollar desde traumas hasta enfermedades mentales debido a que una parte fundamental de la sique femenina es construida por la figura del padre.

Esto me hace pensar que en un mundo en el que las mujeres somos las que parimos y cargamos al bebé durante nueve meses, se ha tendido a desvirtuar la labor del padre frente a los hijos. El padre se vio, durante muchos años, como el que llevaba el sustento a casa y punto, el dictador que llegaría a regañar a los niños por las travesuras por las que la madre ya los tendría sentenciados: “Cuando llegue su padre…”.

Sin embargo, estudios demuestran que ese padre dictador y enojón se doblega en todos los sentidos cuando es padre de una mujer. Los hombres se vuelven más generosos y empáticos con los problemas de las personas en general. De hecho, es científicamente comprobado que un jefe de empresa tiende a subir sueldos y a ser más justo con sus empleados cuando es padre de una hija.

Muchos hombres se vuelven conservadores tras convertirse en padres de una niña. Otros estudios demuestran que hijas únicas con padres funcionales son mujeres independientes y de pensamiento libre. Lo que sí es cierto es que cuando se es hija de un padre que ejerce su paternidad constante y sonante, se aprende a comprender el lado masculino y sus inquietudes, lo cual lleva a la mujer a ser mejor pareja en un futuro, y no sólo eso, sino a conseguirse un hombre que refleje los valores de su padre.

Por eso ser buen padre es tan importante, tanto como lo es ser buena madre. Cada uno cumple con su parte en la crianza de un niño. Una mujer es el reflejo de sus padres, pero el rol masculino juega tremenda partida cuando de futuro amoroso se trata.

Eso de seguir patrones no viene más que del padre y de la madre, pero más del padre, cuando se trata de una niña. La imagen que uno tuvo en casa es la que intentará replicar. No importa si el matrimonio de sus padres se disolvió, lo que importa es cómo la hija lo vivió. Si el respeto siempre estuvo presente, el amor y la unión de la familia aunque la relación de pareja de los padres se acabara, la hija buscará un núcleo armonioso el día que decida establecerse con un hombre.

Eso es lo que conoce, lo que vivió en casa, lo que su padre y su madre le enseñaron y eso es, precisamente, lo que va a buscar replicar en su vida.

Los hombres que son buenos padres de una hija exploran facetas de su masculinidad que nunca antes habían conocido. El amor que se le profesa a una hija es libre de toda necesidad de conquista y de sensualidad, lo que lleva al hombre a una total entrega y a la nueva visión en cuanto a cómo valorar y respetar la figura femenina.

Un hombre es mejor hombre cuando tiene una hija tal como lo dice el actor Mark Wahlberg: “Tener dos hijas cambió mi perspectiva de muchas cosas. Encontré una nueva forma de respetar a las mujeres y creo que me convertí en un buen y verdadero hombre”.

Por un mundo lleno de verdaderos hombres que críen verdaderas mujeres…

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