Romanticismo New Age

Ahora las redes sociales están repletas de indirectas.

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Anna Bolena Meléndez 15/01/2014 00:00
Romanticismo New Age

Me pregunto si en épocas shakespereanas hubiera existido el estatus de las redes sociales, ¿cuál sería el de Julieta?: “En una relación complicada”; asimismo, como Romeo y ella no podrían ser amigos de Facebook, so pena de que su familia se enterara de tan espantosa traición, Romeo postearía mensajes ocultos que solamente él podría entender: “Esta noche… desde tu balcón” y así, dejaría a toda su familia, amigos, no tan amigos y hasta enemigos con cara de ¿whaaaaat?

Ahora las redes sociales están repletas de indirectas. Hace unos días me metí a mis redes y vi que una conocida le declaraba su amor fugazmente a un chico que acababa de conocer por medio de su estado. No pude evitar llevarme las manos a la cabeza y pensar “¡Oh my Dog!”, luego, comprendí que el chico no es amigo de ella de FB y que solamente lo usaba de desahogo. Sin embargo, eso califica como romanticismo moderno, declarar tu amor a viva voz y un tanto en público, pero no un público accesible a tu Romeo.

Parte del romanticismo moderno también es la guerra batiente con los ex, esa dulce venganza de la que antes no gozábamos, cuando fantaseábamos con enviar una postal a la puerta de su casa con nuestra foto y la de nuestro nuevo novio, metiéndonos la lengua hasta por la nariz. Lo bueno, y un tanto desagradable, es que ya podemos publicar esos besos, con hilo de baba incluido, con el puro fin de que el ex lo vea y con suerte se retuerza porque esa lengua ya no es la suya.

Lo que pasa es que debo de aceptar, ahora que no estoy del lado de darle en la madre a ningún ex, que ese ritual es un tanto patético. Ver parejas recién tronadas que ahora se la viven posteando lo estúpidamente felices que son y que no eran antes que estaban con la otra. Ahora su relación es perfecta, ahora están vivos, ahora son ellos, no como antes que no los dejaban ser. Ahora, por fin, pueden encontrarse con una persona que estaba destinada a ser para ellos desde el día en que las estrellas se alinearon y a Saturno  se le congeló el anillo ¡yiaaac! La melcocha a todo lo que da, pero no es la melcocha lo que me parece tétrico, sino el fondo de esas palabras que, aunque lo nieguen, buscan enviar mensajes ocultos.

¿Lo hice alguna vez? ¡Obvio sí! (BTW, gracias a mis amigos por decirme que era patético), hasta que lo dejé de hacer porque más que mostrar mi “nueva felicidad” de ese entonces, lo único que mostraba era mi exceso de ardidez. Bien dicen por ahí: “ardillitas a su árbol”.

Es que al resto del mundo no nos importan los mensajes que bien le podrías dar a tu nuevo “amorcito–desquite” en la intimidad, hay mensajes que, de verdad, se les nota el objetivo y que nada más hacen ver al remitente como un bobazo.

No estoy en contra de los “te amos”, esos me siguen pareciendo parte del romanticismo moderno. Antes los enamorados escribían libros y poemas en nombre del amor, ahora escriben mensajes de textos llenos de muchas “K” y emoticones. De lo que sí estoy en contra es de usar el romanticismo para, claramente, mandar mensajes ocultos al ex como: estoy más feliz de lo que estaba contigo, contigo era miserable, mira que mi nuevo novio está más bueno que tú, él es más inteligente que tú y tiene más lana que tú.

Es por ese tipo de atropellos románticos a los que se presta el nuevo carácter público de nuestras emociones, que el romanticismo moderno es un tanto ambiguo, uno no sabe si Cirila está realmente enamorada del nuevo novio o ardida porque el anterior se fue y la cambió por una chancluda que lo hace “más feliz”.

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