Fragilidad de porcelana

Mónica es una inocente más que muere por un sistema que no funciona.

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Anna Bolena Meléndez 08/01/2014 00:00
Fragilidad de porcelana

Esta mañana me levanté con una noticia que me cimbró hasta los huesos. Una conocida, llena de vida, joven, talentosa, exitosa y bella falleció a manos de la violencia en su país, Venezuela.

Mónica Spear fue quien encarnó a Bianca, la protagonista de la primera novela que escribí, de la mano de mi Mr. J. C., para Telemundo: Pasión prohibida.

Conviví realmente pocas veces con ella, muy pocas, sin embargo, imagino que por el cariño que uno le agarra a un personaje a quien escribe diariamente durante un año (obviando el hecho de que la muerte de alguien, aunque no sea tan cercano, siempre es triste), su muerte me ha dolido, pero sobre todo me ha hecho reflexionar.

Me ha hecho reflexionar en cuán frágil es la vida, un momento estamos aquí y el siguiente minuto podemos ya no estarlo. La juventud no es garantía de nada, Mónica tenía 29 años y una hija de cinco que terminó huérfana y herida al perder a sus dos padres en aquel intento de asalto que cobró sus vidas.

¿Ahora qué vida le depara a Maya? A tan corta edad haber perdido a sus padres, de esa manera tan espantosa y con recuerdos que la perseguirán por siempre. ¿En qué mundo vivimos? ¿En qué mundo tan retorcido y terrible alguien atenta de esa espantosa manera en contra de una familia que simplemente pasaba vacaciones y les convierte sus vidas en una pesadilla, solamente por robar unas cuantas pertenencias?

Miramos y decimos “es que Venezuela…”, “es que Colombia…”, “es que México…” y no nos damos cuenta que es esta costumbre a la violencia que nos anestesia ante el terror que muchos países vivimos a causa de unos cuantos políticos corruptos y otros cuantos bandidos desalmados. Así, pagan justos por pecadores; como siempre.

La muerte de Mónica ha retumbado por las redes sociales: la última foto que publicó, la última novela que realizó, el último tuit que posteó, pero no podemos olvidar que Mónica es una más de las personas que diariamente mueren inocentes por culpa de unos cuantos sistemas que no funcionan y nadie hace nada. Todos tenemos que tragar entero, todos seguimos funcionando en la vida como si nada fuera. Bien decía Simone de Beauvoir que lo más escandaloso del escándalo es que nos acostumbramos a él. Así, igualita, es la violencia.

Ahora pienso que no tenemos la vida comprada ni asegurada ni garantizada. En eso todos somos iguales, no hay raza, sexo, estatus o nivel educativo, unos están deparados para irse viejos, a otros les arrancan la vida injustamente, llámenlo destino, llámenlo “le tocaba”, como sea, la prueba es que nuestra vida es frágil, como una porcelana que pende de la esquina de una mesa temblorosa.

La muerte siempre es dolorosa, hayamos conocido o no a quien murió, simplemente el hecho de enfrentarnos con el concepto de desaparecer es duro. Generamos esa empatía automática que surge cuando conocemos una tragedia de estas magnitudes e imaginamos lo que sigue después: el dolor de la familia, la noticia a su pequeña, el camino que aún les falta por recorrer.

Por eso el mejor homenaje que podemos hacerle a la vida es vivirla con pasión. Enfrentar el miedo que nos da vivirla a cada paso que damos, con sonrisas, dando todo lo que tenemos en cada acción. Buscando nuestros sueños HOY, no mañana, no cuando llegue el Año Nuevo, porque, la verdad sea dicha, nunca sabremos si llegaremos.

Vivir la vida HOY es la única salida, para que el día que llegue ese inevitable momento en el que nuestra propia vida se convierta en aquella porcelana que no se pudo mantener sobre la mesa, nos podamos ir tranquilos, no necesariamente por haber logrado todos los sueños o metas que teníamos, sino al menos por haberlo intentando.

Descansa en paz, Mónica.

 

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