La secta de las ñoñas argolladas

Estar soltera no significa ser miserable, ni tener un virus mortal.

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Anna Bolena Meléndez 16/12/2013 00:00
La secta de las ñoñas argolladas

Si algo odiaba cuando era soltera, era que me miraran como si tuviera lepra. En todas las reuniones de parejas, me hacían sentir como si llegara la pobre apestadita a la que nadie había escogido. La más fea de la fiesta a quien ningún hombre quería sacar a bailar… eso sí, yo no me sentía así, pero cada que me enfrentaba a este tipo de mítines, me daban ganas de regresar a mi casa a cortarme la venas con galletas de animalitos.

¿La realidad? Ni urgida, ni desesperada, ni la más fea de la fiesta ¡por Dior! Estar soltera no significa ser miserable, ni tener un virus mortal y mucho menos ser tan exigente que por eso te vas a quedar sola. ¿En qué momento la soltería se convirtió en causa y consecuencia? ¡OMG!

Eso sí, si un hombre soltero llega a la misma fiesta a la que cualquier soltera es lo equivalente a ser portadora de ántrax, definitivamente los papeles son diferentes. Un soltero, a la edad que sea, es un megaman, una soltera es una perdedora a perpetuidad que se soluciona con una gran argolla de matrimonio. ¡Yiac!

La soltería no es pesada porque en realidad lo sea, sino porque todo el mundo alrededor así la pinta. Todos preguntan por qué motivo estás tan solita y te consuelan con un tono condescendiente  y la cabeza de medio lado: “Ya llegará…”. ¡¿Ya llegará quién?! ¡Ni que fuera el mesías!

Y no, queridas Cirilas y Cirilos del mundo en el que nada tiene sentido si no andan de dos en dos, ni uno se siente “solita” ni mucho menos sale a la calle con un cartel que anuncie que estás esperando la venida del divino baby. ¡Por amor a Dior! ¡Evolucionen!

Lo peor es que ahora lo veo desde el otro lado y me encuentro discutiendo con mujeres casadas que se avientan comentarios propios de una geek del compromiso “ay, pobre sutanita que todavía no se casa…”, me dan ganas de vomitar, físicas ganas de dejarles en la mesa el contenido de mi estómago con todo y tripas.

Es desagradable que después de que todas fuimos solteras, una vez se casan se convierten como si fueran parte de una secta en la que las solteras son una vergüenza.

Personalmente me importa un bledo si mi amiga es soltera o casada, no me interesa cuándo ni cómo ni si es que se va o se piensa casar, de hecho el estado civil de una persona no tiene que preocuparle a nadie más que al dueño de su Facebook.

El estado civil no define a una persona, no la hace mejor, peor, buena, mala, sana o apestosa. El estado civil no es más que un estado que uno escoge cuando las cosas se presentan.

Las solteras no están desesperadas por casarse, tú estás desesperada porque tus amigas solteras se casen y se pasen a tu secta a la que, de repente, las dejaste sin cabida.

Ni las solteras se quieren quedar con tu marido ni quieren conocer al primo solterón de tu marido y mucho menos necesitan que te conviertas en su agente matrimonial, ¡deja a tus amigas solteras en paz y preocúpate por no hacerlas sentir como que se te olvidó cuando también estabas soltera!

Y permítanme decirles una cosa más, porque es que no soporto la ñoñería que adoptan algunas casadas, tener una vida sexual libre no hace p*t@s a sus amigas solteras ni desequilibradas ni urgidas por estabilidad las hace a ustedes un tanto ardidas porque recuerdan con nostalgia cuando aún no se habían casado.

Por eso, queridas amigas solteras, disfruten de su soltería para que cuando se casen, si lo hacen, se regocijen en su matrimonio y no se pasen al lado oscuro de las ñoñas con argolla que son capaces de criticar lo que ellas mismas algún día fueron.

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