El pragmatismo de Cirila

Él insiste en que para qué necesitamos etiquetar una relación.

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Anna Bolena Meléndez 10/12/2013 00:00
El pragmatismo de Cirila

Voy a comenzar con una pregunta: cuando llega una amiga y nos echa el siguiente relato, ¿cuál es su consejo?

–Ay, amiguis, es que no sabes: Cirilito y yo hablamos. O sea, tú sabes que yo estoy superclavada de él pero es que él es megaespecial, o sea, me dice que quiere que todo lo mantengamos entre él y yo, que no suba posts ni nada sobre él ni fotos ni status. No quiere presentarme a su familia, quiere que nos lo llevemos leve porque no quiere que lo presione, no quiere que nos aceleremos y tampoco que hablemos mucho del futuro. O sea, quiere que vivamos el hoy, y con todo y que yo le digo que qué onda, o sea, qué somos, él insiste en que para qué necesitamos etiquetar una relación si lo que tenemos es lindo así como está…

Venga, Cirilas del universo de Cirilandia, dejen sonar ese gran “¡Ay, no maaaaaaaaa!” que se les atranca en el pescuezo.

Pero, ¿saben cuál es la peor de las ironías de esta vida? Que cuando es la amiga la que anda justificando al baboso de Cirilo, uno tiene todos los argumentos sensatos:

–¡No manches! Cuando un hombre quiere estar contigo no anda con mamhadas de ningún tipo. Eso de que es especial y por eso le gusta la privacidad es ¡bullshit! Si no quiere que postees fotos o status o lo que sea es porque no quiere que nadie más se entere y si no quiere que nadie más se entere es porque ¡no te quiere! Si no te presenta a su familia, no es porque no quiere que se la lleven leve, sino porque eres una sí–pero–no, sí me la sandungueo pero no se la presento a mi familia. Entonces podrías decirle “¡Perfecto!, ¡llevémonosla leve!: ¡no hay sexo!”, y vas a ver que hasta ahí te llega el tren. A lo que él se refiere con llevársela leve es que sigan dando brincos en el colchón pero no te enamores porque no eres “la indicada”. Si no quiere hablar de un futuro contigo es porque no te ve en él y porque herir tus sentimientos significa eclipsar sus brinquitos en el colchón y si no quiere etiquetar la relación es porque la única etiqueta que le cuadra es: fuck buddy, y como tú andas de intensota, pues ni cómo mencionarla.

Pero cuando es una la que se encuentra en los tacones de la intensota hipnotizada por las palabrerías de Cirilo (no se pierdan mi columna de ayer), existe todo tipo de justificación.

De verdad te crees que Cirilo sí te quiere y que solamente es cuestión de tiempo para que el troglodita neandertal se dé cuenta de que siempre sí quiere clasificarse como “en una relación con Cirilita intensota”.

¿Mi consejo? ¡Cacheteen a la amiga! Sean tan frías como puedan y así Cirila se ponga a chillar, díganle que no mam––!

Que ese mugroso lo único que quiere es agarrársela de su papalote mientras llegan mejores vientos y con ellos una mejor Cirila con quien no llevársela leve, ni esconder las fotos y definitivamente sea una sí–sí, sí me la sandungueo, sí se la presento a mi familia.

Una Cirila con la que no le importe hablar de futuro, con la que el hoy no sea suficiente porque se muere por mil mañanas juntos, con la que tenga una respuesta no incómoda cuando le pregunte: “¿Tú y yo qué venimos siendo?”.

Así que no, Cirila, tu Cirilo no es especial, de hecho es todo lo contrario: es uno más de ese montón que pasará a la lista de los batracios babosos y apestosos que no fueron y que, seguramente, es el príncipe de otra Cirila, quien, a su vez, anda besuqueando a tu potencial príncipe con disfraz de sapo viscoso y guacaloso. Así de irónica es la vida.

Ahí se ven.

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