La hipnosis de Cirilo

No se dan cuenta de que con su palabrería nos van enamorando.

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Anna Bolena Meléndez 09/12/2013 00:00
La hipnosis de Cirilo

Un grave problema con los Cirilos es que no pueden estar solos y son capaces de decir lo que sea con tal de retener a una Cirila a su lado. Así no la amen, con que les guste es suficiente.

Ellos prefieren tener una vaquita amarrada a la cama, aunque para eso tengan que verbeársela (dícese del arte de enredar a punta de palabras) y con esto, muchas veces, alimentarle la esperanza a una enamorada en potencia.

No se dan cuenta de que con su palabrería nos van enamorando y luego se quejan porque Cirila se enamoró y la idea, desde un principio, era ir con calma. ¡Sí, como no!

Las mujeres, que tenemos un sexto sentido con casi cero margen de error, experimentamos mucha ansiedad en este tipo de relaciones en las que estamos seguras de que Cirilo no está enamorado, pero a la vez, no nos deja ir cuando intentamos, cual escapista de circo, salir huyendo por la salida de emergencia.

¡Ah, pero cómo va a dejar Cirilo escapar a la Cirila que le mantiene tibia la cama! ¡No señor! ¡Eso no lo pueden permitir! Entonces, cuales magos hipnotistas, hacen despliegue de sus mejores artes lava–cerebros y regresan a Cirila, de los pelos, hasta la cama nuevamente, haciéndole creer que no es que no la quiera, sólo que la quiere a su manera. ¡Bah! ¡Pamplinas!

Así, continúan en su labor de enamoramiento con tal de que no se le vuelva a escapar de la cama. Pero lo peor de todo es que quieren todo: quieren que Cirila esté en esa relación sin molestarlos para nada, no quieren ataques de celos, mucho menos muestras de cariño, no quieren que les digan que los aman, ni que los quieren y tampoco que se ponga con planes familiares, pero eso sí, a la hora de pedir cancha, prometen hasta las estrellas.

Y luego son tan descarados que se preguntan: “¿Pero por qué se enamoró? Si yo he sido superhonesto con ella y le he dicho que vayamos despacio, que no nos presionemos…”, cabe mencionar que este argumento lo repiten como merolicos después de meses y meses de tener su vaquita amarrada a la pata de la cama.

Eso sí, una vez llega otra Cirila con el potencial para ser una nueva vaquita o con el de ser su futura Julieta, truenan con la pobre incauta que, tras hacer un drama, los hace preguntarse por qué la intensidad si ellos solamente estaban saliendo casual. ¡Qué bárbaros, Cirilos, ya ni la amuelan!

Yo por eso recomiendo, con la experiencia de haber sido víctima de la palabrería masculina por el purito miedo a quedarse solito, que escuchen a la tripa. Uno siempre sabe cuando aquel Cirilo no está enamorado. El amor no tiene por qué ser difícil y mucho menos uno está para andar convenciendo a Cirilos de que te amen bien. Cuando el amor no se da desde el principio, generalmente no se da, sobre todo para ellos.

Nosotras no tenemos la capacidad, por lo menos no la mayoría, de mantener una relación casual y de puro sexo durante mucho tiempo. Por lo regular, terminamos involucrando sentimientos y la intimidad no demora en aparecer entre las sábanas. Intimidad que luego regresa para mordernos el trasero.

Cuando eso pasa, ya valimos pistiote, nuestro corazoncito comienza a latir fuertemente robándose la sangre que necesita el cerebro para funcionar y nos convierte en unos monigotes a expensas de nuestros sentimientos y completamente vulnerables a las hipnosis profesionales de Cirilo en cuestión.

Por eso, lo mejor es tener bien clarito desde el principio el tipo de relación al que nos estamos enfrentando. Si es una de esas que solamente sirven para llenar los vacíos de Cirilo, yo recomiendo salir corriendo por la primer salida de emergencia y no mirar a los ojos a Cirilo, no vaya a ser que cuando menos nos demos cuenta estemos bailando dentro de una canasta al ritmo de su flauta hipnótica.

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