¿Seremos capaces de concretar el cambio cultural que mencionó el Presidente en su mensaje?

Es crítico el que buena parte de la sociedad haga suyos los elementos de esos cambios.

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Ángel Verdugo 05/09/2014 00:00
¿Seremos capaces de concretar el cambio cultural que mencionó el Presidente en su mensaje?

De entrada, permítame transcribir las siguientes líneas del mensaje pronunciado por el Presidente de la República este lunes en Palacio Nacional, con motivo de la entrega al Congreso de la Unión del documento al que hace referencia el artículo 69 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

En su mensaje, ya para terminar, dijo el Presidente: Un mejor país depende del esfuerzo de todos y cada uno de nosotros los mexicanos. Éste es un cambio más profundo, y quizá aún más exigente que todos los demás. Me refiero a un cambio de actitud, de mentalidad, a un cambio cultural. Un mejor país, un mejor México está en nosotros”.

Soy de los que piensan que tratándose de cambios profundos en toda sociedad, es crítico el que buena parte de ella haga suyos —de manera voluntaria y pacífica, así como legal y sin coacción alguna—, los elementos de esos cambios.

Entiendo y sé, de cambios que en no pocas sociedades se impusieron e imponen todavía mediante el uso de los recursos propios de gobiernos dictatoriales que a nadie deben rendir cuentas; el más claro hoy, en lo que se refiere a este proceder, es el de la República Popular China. Hubo otros —en América Latina los  tuvimos—, que lograron concretar avances mediante esos métodos, que las sociedades de esos países hoy disfrutan, pero —de esto casi nadie habla—, el precio que debieron pagar fue inmenso.

Un proceso de cambio cultural es, por definición, largo y no exento de obstáculos y dificultades de índole diversa; de ahí que el gobernante y el gobierno que encabeza, no deban esperar a que aquél se concrete para actuar en la dirección correcta. Deben tomar decisiones que den elementos a la sociedad, para entender y aceptar las conveniencias de cambiar de mentalidad, y empezar a hacer suyos los elementos que constituyen aquél cambio cultural.

Ejemplos de este proceso, sobran; si bien los más conocidos tienen que ver con la restauración democrática en países que han dejado atrás una etapa dictatorial, hay otros que si bien no son tan glamurosos, han cambiado todos los aspectos de la vida de un país. Uno de ellos, quizás del que menos se hable por haber sido logrado —como dije arriba— de manera voluntaria y pacífica, así como legal y sin coacción alguna, es el de la reducción del número de hijos en una pareja.

En México, esto último se logró en poco menos de dos generaciones; en poco menos de 40 años —de principios de los años setenta del siglo pasado al 2010—, la sociedad mexicana concretó un cambio cultural cuyos efectos no alcanzamos —aún hoy—, a justipreciar. Este cambio cultural, esté usted de acuerdo con él o no, sería prueba clara de nuestra capacidad de cambio de mentalidad si condujéremos el proceso mismo de manera correcta, y con una decisión firme —producto de la comprensión cabal de lo que el cambio cultural propuesto implica— de concluirlo.

¿A qué viene todo lo anterior? ¿Por qué la cita del mensaje? Por la sencilla razón de que no veo, a la fecha, disposición clara por parte del Estado mexicano encabezado por el presidente Peña, a hacer lo que debe para lograr que buena parte de la sociedad mexicana concrete ese cambio fundamental que señaló en el mensaje.

De no corregir lo que se advierte, y no empezar a trabajar en la dirección correcta, los cambios propiciados por las reformas aprobadas por el Congreso podrían quedar en un sueño, color de rosa sí, pero sueño al fin.

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