Enfrentemos el problema que creamos; los pronósticos son sólo eso, no varitas mágicas

Las cifras dadas a conocer por el INEGI han servido para todo menos para lo que deberían servir.

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Ángel Verdugo 22/08/2014 00:00
Enfrentemos el problema que creamos; los pronósticos son sólo eso, no varitas mágicas

Ayer, como desde hace un buen número de trimestres, las cifras dadas a conocer por el INEGI en su documento “PRODUCTO INTERNO BRUTO EN MÉXICO” han servido para todo menos para lo que deberían servir.

Lo anterior se debe, esencialmente, a que entre nosotros se piensa que los pronósticos no son eso, sino varas mágicas o conjuros para hacer que la economía se comporte tal y como lo proyectamos. Esta visión errónea, propia de quienes ven la gobernación como pronosticar y anunciar, hoy parece habérseles revertido; es la consecuencia de considerar los pronósticos y anuncios como sucedáneos de la gobernación.

Esto que vemos en México, podría ser resumido en una frase muy sencilla: Pronostica y anuncia, que algo queda. Sin embargo, la realidad no se deja seducir fácilmente por los guiños que políticos y funcionarios le hacen cotidianamente, y termina por imponerse; a fuerza de tener que ajustar —una y otra vez— a la baja el pronóstico elaborado, los interesados en el comportamiento de la economía terminan por no aceptar lo que aquéllos declaran —en relación con las variables económicas— pues dicen, para qué los tomo en serio, si jamás aciertan.

En un país administrado con responsabilidad y respeto de la realidad económica, así como con la aceptación y entendimiento de las causas de un comportamiento económico producto de problemas estructurales no resueltos, los pronósticos y proyecciones necesarios para elaborar los presupuestos de ingresos y egresos del sector público son, no lo olvidemos, resultado de modelos econométricos en los cuales no tiene cabida variable alguna que refleje las aspiraciones personales —por más legítimas que pudieren ser éstas—, de éste o aquel funcionario, y menos cualquier intento de manipulación política.

Los ajustes a que obliga un comportamiento de la economía alejado del pronóstico que sirvió para estimar ingresos y egresos públicos, deberán darse en los primeros para que los segundos no tengan efectos negativos en las cuentas públicas.

El espectáculo trimestral —que ya parece ópera bufa— de un grupo de sedicentes conocedores de la economía, va de lo penoso al ridículo; los que lo integran, privilegian lo superfluo con miras a responsabilizar a éste o aquel funcionario de las cifras desalentadoras que aparecen en el documento trimestral del INEGI y con ello, piensan, como es frecuente en México, echar por tierra las aspiraciones políticas de aquél.

Sin embargo, lo central que dejan ver las cifras de aquel documento rebasa, con mucho, las aspiraciones y ambiciones de un funcionario, así como cualquier intento de manipular aquéllas; lo importante tiene que ver con los problemas estructurales de una economía los cuales, no debe haber duda, deberían ser enfrentados con la puesta al día del marco jurídico que impide, o dificulta y encarece, la inversión y creación de empleos formales.

El 1.6% dado a conocer ayer por el INEGI para el II Trimestre (Base anual), permite inferir un crecimiento del PIB para este año del orden del 2.3 o 2.4%; los ajustes en los egresos y el nuevo cálculo de las proyecciones de los ingresos, que los haga Hacienda en el ámbito de sus facultades.

Dejemos de ver los pronósticos como pociones mágicas, con miras a lograr mayor objetividad en el análisis económico; entendamos que aquéllos son, simplemente, los referentes necesarios para estimar el comportamiento de otras variables.

Lo demás, son ganas de joder.

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