Cuidado, las formas de la diplomacia no siempre reflejan la realidad

De ahí que lo más conveniente sea dejar que las cosas que se dicen de “diplomáticamente”, se queden ahí.

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Ángel Verdugo 27/06/2014 00:00
Cuidado, las formas de la diplomacia no siempre reflejan la realidad

La visita de la señora Lagarde, directora gerente del Fondo Monetario Internacional para participar en el Foro Internacional de Inclusión Financiera organizado por la Secretaría de Hacienda, fue ocasión propicia para dejar ver las habilidades diplomáticas de quien se ha movido desde hace muchos años, en los espacios privilegiados del trato con jefes de Estado y de gobierno.

La historia de la negociación que llevó a la constitución de aquel organismo al fin de la II Guerra Mundial, es reflejo claro de la importancia que tienen la diplomacia y sus formas (Ese conjunto de reglas que norman el decir sin decir, y expresar la verdad de manera un tanto oblicua, sibilina) en las relaciones entre gobiernos y Estados.

La diplomacia y sus modos, son de gran utilidad para, en no pocas ocasiones, decir lo que no debe decirse y exhibir al que no se debe exhibir. Esto, en congruencia con la práctica diplomática, permite a cada participante “salvar la cara” en aquellas situaciones donde los temas acerca de los cuales se habla son, por decir lo menos, difíciles o políticamente incorrectos.

Al final del día, por más que los participantes en alguna reunión pública sigan las reglas de la diplomacia, siempre sale a flote lo que el declarante quiso decir. De ahí que lo más conveniente sea dejar que las cosas que se dicen “diplomáticamente”, se queden ahí —en ese terreno que colinda con la hipocresía y el disimulo—, y no tomarlas a pie juntillas para tratar de ser populares.

Sin embargo, no faltan los ingenuos que toman lo diplomático como axioma para tratar de cubrir sus limitaciones o las dificultades que enfrentan, sean éstas transitorias o permanentes.

La reunión a la que asistió la señora Lagarde, es buen ejemplo de lo dicho arriba. México, país fundador del Fondo, no puede ser ignorado; además, su peso en la economía mundial aconseja cuando no obliga, a participar en reuniones de relumbrón como la que ocupó ayer a la señora Lagarde.

El discurso de ésta en la cena de anteayer, incluyó citas de Octavio Paz y Carlos Fuentes; el almíbar que chorrea en varios párrafos confirma, con creces, su habilidad diplomática. Como buena francesa, la diplomacia se le da con mucha facilidad; su acento, al hablar en inglés, seduce a no pocos ingenuos y domina el escenario sin dificultad alguna y deja lelos a los colmilludos, como el del rito.

Ahora bien, de qué sirve todo eso en materia de inclusión financiera; si le dijere que de nada, me consideraría un exagerado; sin embargo, por encima de su calificativo, mi afirmación estaría muy cerca de la realidad.

La inclusión financiera es un tema que desde hace algunos años se puso de moda; la que ocupó el tercer lugar en la más reciente elección presidencial —en su calidad de secretaria de Educación Pública—, quiso aprovechar el tema para fortalecer su campaña de promoción personal que pensaba, ingenua, la llevaría a ese pedazo del Bosque de Chapultepec cubierto de pinos.

Sesudos y prometedores discursos se pronunciaron en la ceremonia sobre cultura financiera —celebrada hace algunos años en el Museo Interactivo de Economía—, sustento obligado de la inclusión financiera. De los resultados, sólo le digo que si el 5.0% de lo planteado se hubiera alcanzado, seríamos hoy el país número uno en inclusión financiera. Sin embargo, la cruda y ofensiva realidad está a la vista de todos. 

Esto mismo también sucederá con el Foro Internacional de ayer; ya lo verá.

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