Lo del martes y lo de hoy, ¿refleja fielmente el país que hemos construido?

Saben que el nivel técnico del futbol profesional que en México se juega es infame.

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Ángel Verdugo 06/06/2014 00:00
Lo del martes y lo de hoy, ¿refleja fielmente el país que hemos construido?

Prácticamente nada sé de futbol; tampoco me interesa como deporte y mucho menos como espectáculo. Soy, en pocas palabras, alguien que no muestra el menor interés por él, pero sí por lo que lo rodea; desde la manipulación política pasando por esos grupos de vándalos y delincuentes que se hacen llamar barras de animación, hasta los negocios que se hacen en nombre de lo que llaman los cursis: el deporte del hombre.

Confesada mi ignorancia, permítame entonces hablar de eso que desconozco.

Cada vez que juega ese conjunto que los negociantes y sus panegiristas interesados llaman La Grande, me duele que partes del país y de amplios sectores sociales del mismo se paralicen. También, me preocupa la bestialidad —casi siempre impune- de cobardes escudados en el anonimato y la turbamulta, en contra de personas indefensas, sus familias y acompañantes.

En el caso de las quejas tramposas de quien piensa que coordina a los senadores de su partido, relacionadas con el análisis de un conjunto de iniciativas de gran importancia para la economía mexicana y su crecimiento, la pena se vuelve coraje por tener legisladores con esa conducta chapucera que los exhibe y degrada al Senado de la República.

Para poder emitir los siguientes comentarios, he debido sostener largas y entretenidas pláticas con amigos que admiten, sin la menor reserva, ser pamboleros, y tener un equipo al que admiran y defienden con toda la fuerza de argumentos que son, en su mayor parte, simples desahogos de quienes saben que el nivel técnico del futbol profesional que en México se juega es, por decir lo menos, infame.

Conversé largo y tendido con ellos acerca del partido de este martes y del que hoy por la noche se celebrará. Los detalles —aparentemente técnicos, los cuales no entendí—, que me expresaron acerca del primero de los dos  partidos, podrían resumirse en la siguiente expresión: Aquello fue un desastre.

Sus opiniones acerca de lo que se verá hoy por la noche, fueron algo peor; que el contrincante es un equipo de primer nivel, que sus jugadores son esto o lo otro y que los jugadores mexicanos están, por decirlo de manera decente, asustados ante la pésima calidad que a la fecha han exhibido.

Otro día, para dejar la parte “deportiva”, les cambié el tema; dejamos el futbol y llegamos al país que somos, y cómo somos en lo que se refiere a la colaboración y “lo colectivo” para alcanzar éste o aquel objetivo; les pedí que opinaran acerca de esa “confianza social” de la cual habla Francis Fukuyama en su libro Trust y el desempeño —así lo llaman—, de La Selección Grande.

Ahí sí, se fueron con todo en contra de todos; no dejaron títere con cabeza. Empezaron con el jugador conocido como El Chicharito, siguieron con otro al que llamaron “Piernas de Cristal” y no pararon hasta llegar al Director Técnico.

Ya cansados de echarles todas las culpas de lo habido y por haber, concluyeron que lo visto este martes y lo que verían esta noche, dice más de México que miles de libros, artículos y análisis acerca de cómo somos, qué somos y qué tenemos en futbol.

Al final de nuestra última conversación acerca del futbol —algo que los apasiona y a mí me tiene sin cuidado—, después de una buena cena y su obligado acompañamiento con buenos tintos, prometieron que se alejarían del futbol, y pidieron que les enseñare a jugar beisbol.

Por supuesto que no los tomé en serio; simplemente concluí que ya estaban borrachos.

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