Cuidado con las palabras; en la gobernación, todo cambia, nada permanece por siempre

Las cosas duran mientras son útiles; al ya no serlo, hay que definir nuevas reglas y forjar nuevas alianzas.

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Ángel Verdugo 30/05/2014 00:42
Cuidado con las palabras; en la gobernación, todo cambia, nada permanece por siempre

Una muestra de la pérdida de piso del político —funcionario o gobernante—, es cuando empieza a afirmar públicamente que esto o aquello no cambiará, que permanecerá por siempre así, tal cual es y está.

No estoy seguro si son los aplausos del incondicional o la obsecuencia del servil que combinados con la soberbia del personaje lo que lo lleva, primero, a pensar que el confort del que gobierna durará siempre y luego, convencido ya de ello, le da por afirmar públicamente lo del primer párrafo.

Si bien al principio lo afirmado se refiere a medidas tomadas por él o su gobierno, después extrapola, y actúa en función de la presencia eterna en el gobierno del grupo con el que llegó.

No pasa mucho tiempo para que la realidad los desengañe y demuestre —a él y los suyos—, que es una simple ilusión o el sueño de grandeza del tirano en ciernes, la idea absurda de que en política y la gobernación, hay cosas eternas y decisiones políticas inmutables.

La historia del siglo XX, es veta inagotable de ejemplos en ese sentido; Stalin y los que le siguieron enfrentaron a la realidad y hoy, el país que pensaron eterno ya se extinguió. La República Popular China, fundada en 1949 por el presidente Mao y un grupo de fieles que lo acompañaron en la Larga Marcha, está tan cambiada que cuesta trabajo pensar siquiera que alguna vez fue socialista.

¿Qué decir de Vietnam y de los países que conformaron lo que conocimos como Europa Oriental? ¿Qué diremos mañana de lo que fue ese faro de luz, la Cuba de los años sesenta del siglo pasado? ¿Qué irá a quedar de la dinastía que fundó Kim Il-Sung? ¿Quedará algún recuerdo amable de Hugo Chávez, y de su “Socialismo del siglo XXI”?

Es más, ¿quién se acuerda hoy del “Arriba y Adelante”, “La Solución Somos Todos” y la “Renovación Moral” de LEA, JLP y MMH respectivamente? ¿Quién del Pronasol de Salinas, el “Progresa” de Zedillo y el “Oportunidades” de Fox? Es más, ¿quién recordará mañana la “Cruzada contra el Hambre”, y quién recuerda hoy que México fue una economía cerrada?

La regla es sencilla, lo efímero es la constante; de ahí que más de uno se haya sorprendido de la declaración de un funcionario que dijo que ciertas reglas permanecerían —sin cambio alguno— durante los próximos cinco años. ¿Acaso él, ve y domina el futuro? ¿Es un psíquico, émulo de Walter Mercado? Claro que no; lo que sucede, como dicen en mi tierra, es que ya le entró el aire.

En política y la gobernación, las cosas duran mientras son útiles; al ya no serlo, hay que definir nuevas reglas y forjar nuevas alianzas donde, el que ayer hablaba de lo sempiterno (Que durará siempre; que, habiendo tenido principio, no tendrá fin) de éstas o aquellas reglas, ya no aparece porque, simplemente, dejaron de ser útiles sus servicios.

Si algo hay por aprender de los países donde se han resuelto problemas similares a los nuestros, es la flexibilidad para tomar decisiones que conllevan cambios importantes, en respuesta oportuna a las condiciones cambiantes en la economía y la sociedad. Lo vemos en China Popular y Vietnam; en Perú y Colombia, y en Irlanda y España.

Nuestra tragedia reside en la creencia —casi religiosa—, de la inmutabilidad y lo sempiterno; de ahí que, en vez de plantear que estas medidas van a durar cinco años, deberíamos preguntarnos si responden correctamente a las necesidades que plantea hoy la economía.

Lo otro, el mareo del bisoño que nos ve desde las alturas de un ladrillo.

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