Qué bonitas son las cifras; más cuando las entendemos, y llegamos a la conclusión correcta (Parte II)

Cada integrante del Gabinete debe ser funcionario, no sólo parecerlo.

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Ángel Verdugo 16/05/2014 00:00
Qué bonitas son las cifras; más cuando las entendemos, y llegamos a la conclusión correcta (Parte II)

La primera parte de esta colaboración, el miércoles,  la terminé así: “Dado lo que dejan ver estas cifras, ¿es positivo afirmar que “Estas cifras dan cuenta de que la economía nacional va por buen camino”? Es más, ¿ayuda esta frase a enfrentar el conjunto de obstáculos estructurales que impiden crear empleos formales en México?” Sigamos entonces con el tema.

Ante esas preguntas, ¿qué nos ayudaría a soportar la afirmación de que la economía nacional va por buen camino, y a enfrentar y resolver los obstáculos estructurales que impiden crear empleos formales en México?

Lo primero —y más difícil de lograr— sería, que los funcionarios designados para integrar el Gabinete entendieren —desde su designación misma—, que la tarea al frente de la oficina asignada no sería construir un trampolín para ser candidatos a la Presidencia de la República sino actuar como verdaderos funcionarios. Además, aceptar —y su jefe recordárselos cotidianamente—, que fueron designados para conocer y entender las causas de los problemas que el área a su cargo debe enfrentar y resolver.

Dicho de otra manera, cada uno de ellos debe ser funcionario, no sólo parecerlo. Si su interés radicare en la candidatura presidencial, deberían ir a buscarla en otro espacio, no en el Gabinete.

¿Qué vendría después? Una vez que los designados hubieran entendido y aceptado para qué fueron designados, no deberían temer afectar intereses y privilegios —con decisiones impopulares y dolorosas pero imperativas—, de quienes se han aprovechado de la situación que ya es evidente, amenaza la estabilidad política y económica.

Lo curioso, dadas las condiciones actuales, es que hoy es más fácil construir una candidatura con resultados y siendo un verdadero funcionario, que inventando los primeros y pareciendo lo segundo.

Sin embargo, ¿qué vemos? Un conjunto de actores medianos con serias limitaciones y preocupados por su imagen que no atrae al espectador, donde escasean los funcionarios que decidan, y enfrenten y resuelvan problemas; demasiados actores en una obra interminable, que llega a su fin cuando la candidatura a la Presidencia de la República está definida.

Por otra parte, lo vemos desde hace decenios, el centro de la acción política del gobernante en los tres órdenes de gobierno, es preparar su sucesión y designar al sucesor; no es, en modo alguno, enfrentar y resolver los problemas del país. Esto se agrava —dado el carácter de nuestra clase política—, cuando cada funcionario se ve sentado —desde su primer día de trabajo—, en la silla del que lo designó.

Dado este panorama, ¿dónde está el crear las condiciones para generar fuentes de empleos formales, por ejemplo? ¿Dónde la disposición para actuar como un funcionario efectivo? ¿Ha visto usted las reacciones de éste o aquél cuando no le salen las cosas? ¿Ha sentido su rechazo a la crítica, y el desprecio por la autocrítica? En consecuencia, ¿es posible esperar resultados que pasmados en los reportes del INEGI, harían creíble eso de “que la economía nacional va por buen camino”?

Todo ello es el México que hemos construido. Ahora bien, ¿en otros países se da lo mismo? Pienso que no; allá, el interesado en ésta o aquella candidatura la busca mediante resultados concretos en su trabajo, no inventándolos; menos aún escondiendo sus errores, y repartiendo culpas.

¿Cambiará este aspecto de nuestra gobernación? Sin duda, pero no antes de la debacle.

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