Qué bonitas son las cifras; más cuando las entendemos, y llegamos a la conclusión correcta

El trabajo realizado desde 1995 por el INEGI cumple, y cumple bien.

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Ángel Verdugo 14/05/2014 00:00
Qué bonitas son las cifras; más cuando las entendemos, y llegamos a la conclusión correcta

Dicen que el criterio de oro para medir el desempeño de una economía, no es otro que la cantidad de empleos que logra crear en el sector formal en un periodo determinado. Además, que el juicio sea válido y represente de manera real el estado de dicha economía, hay que ir más allá de la coyuntura y abarcar, cuando menos, un quinquenio.

La idea que subyace a este plazo, es que en cinco años los picos habrían sido subsanados y las políticas públicas aplicadas deberían —en él—, haber surtido ya el efecto proyectado. De ahí que sorprenda la frase “estas cifras dan cuenta de que la economía nacional va por buen camino”. Veamos.

Uno de los frutos menos justipreciados de “El error de Diciembre”, es habernos comprometido a proporcionar datos acerca del comportamiento de la economía de manera oportuna, veraz y completa. Esto, sin duda, se ha cumplido a cabalidad; en los días que corren y desde hace una buena cantidad de años, es imposible quejarse por la falta de datos acerca del comportamiento de un conjunto amplio y diverso de variables económicas.

El trabajo realizado desde 1995 por el INEGI —organismo que cuenta con la necesaria y obligada autonomía para no estar sujeto a los vaivenes de la política de los partidos y la agenda del gobierno en turno— cumple, y cumple bien, con las tareas que la legislación vigente le ha asignado. De ahí que sus reportes y publicaciones sean insumo obligado para analizar el desempeño de nuestra economía.

De la misma manera que el INEGI, específicamente en el ámbito laboral, tanto el IMSS como la Secretaría del Trabajo juegan un papel de primera importancia pues sus reportes permiten seguir sistemática y oportunamente el comportamiento de los mercados laborales.

Con los reportes de los tres —INEGI, IMSS y la STPS—, acerquémonos al empleo formal y tratemos de extraer algunas conclusiones acerca de la salud de nuestra economía que vaya, para que sea válido lo concluido, más allá de la coyuntura.

Si nos ubicáremos en diciembre de 2000, encontraríamos lo siguiente: Trabajadores Asegurados en el IMSS: 12’437,760; esta cifra, para abril de 2014 fue de 16’837,367. En otras palabras, en los 13 años y cuatro meses transcurridos, la economía mexicana sólo pudo crear 4’399,607 empleos formales. Si esta cifra la dividimos entre 13.3 años, el promedio anual es del orden de los 330,797 empleos formales por año.

Si ahora las cifras que tomo de los cuadros que en su página coloca mensualmente la STPS —cuya fuente es el IMSS— son las correspondientes a los “Trabajadores Asegurados Permanentes en el IMSS” desglosados por Gran División de Actividad Económica y me concentro —dada su importancia y peso específico— en las “Industria de Transformación”, las cosas se ven así.

En diciembre de 2000, el IMSS tenía registrados en esta Gran División 4’089,444 y para abril de 2014, 13 años y cuatro meses después, esa cantidad había caído a 3’818,743.

Es decir, nos faltan 270,701 trabajadores permanentes en las Industrias de Transformación para estar, apenas, en el nivel de empleos permanentes que dicha “Gran División” alcanzó en diciembre de 2000.

Dado lo que dejan ver estas cifras, ¿es positivo afirmar que “Estas cifras dan cuenta de que la economía nacional va por buen camino”? Es más, ¿ayuda esta frase a enfrentar el conjunto de obstáculos estructurales que impiden crear empleos formales en México?

¿Le parece que sigamos el viernes?

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