En cien años no hemos resuelto el problema agrario; ¿por qué? ¿Por no saber, o por no querer?

La tierra es una mercancía cuyo dueño puede vender o arrendar sin limitación.

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Ángel Verdugo 04/04/2014 00:00
En cien años no hemos resuelto el problema agrario; ¿por qué? ¿Por no saber, o por no querer?

Si alguien interesado en los problemas agrarios y sus causas nos pidiere elaborar una lista con los nombres de los países que a la fecha no los han resuelto, México ocuparía el número uno de esa lista.

Al revisar los problemas que enfrenta una muestra representativa de los países que conforman las diferentes regiones del mundo, pienso —sin temor a equivocarme—, que el problema agrario no está entre los primeros o los prioritarios a enfrentar y resolver.

Por otra parte, cuando uno va un poco más allá y revisa lo hecho por aquéllos que han enfrentado y resuelto dichos problemas, encontraremos algo curioso: el tiempo que les tomó es relativamente corto.

La tierra, activo que en no pocos países durante buena parte del siglo XX no podía ser de dominio pleno de los agentes económicos privados, hoy —en casi todos ellos— es una mercancía cuyo propietario puede venderla o arrendarla sin limitación alguna.

En algunos casos, esta libertad del individuo para poseer tierra sin restricción alguna en cuanto a sus derechos privados de propiedad, data en algunos países del siglo XIX o antes. Hoy, muy pocos son los países donde se limita la propiedad rural al concederle al agente económico sólo el usufructo, ya que es “la Nación” la propietaria de dicho activo.

Lo curioso de esta situación, es la relación directa que hay entre las restricciones y el atraso del país; a más y mayores restricciones, también mayor atraso en todos sentidos.

Por el contrario, donde hay libertad y una clara definición de los derechos privados de propiedad y su respeto pleno, hay más prosperidad y una mejor calidad de vida; asimismo, los agentes económicos que se dedican a las actividades primarias en ese ambiente de libertad, elevan su nivel de bienestar en un tiempo menor al que les toma a quienes en otros países no son propietarios reales de la tierra que poseen sólo en teoría.

En materia agraria pues, el mundo (dejo fuera de esta afirmación a buena parte del continente africano) desde hace una buena cantidad de años, enfrenta y desarrolla soluciones y estrategias para resolver problemas de otra índole pues en lo que se refiere a “lo agrario”, lo que había que repartir o vender ya se vendió o entregó para que el adquiriente —o beneficiario de la donación—, hiciera con ese activo lo que conviniera a sus intereses.

Eso mismo, podemos decirlo de otra manera: lo agrario es ya parte del pasado; cuando se enfrentó el problema y fue resuelto, se hizo para beneficiar a los que en ese entonces vivían en el país y a partir de ahí, todo aquél que quisiere ser propietario de tierra agrícola, ganadera o forestal, debía comprarla al propietario, no esperar que el Estado le regalara un pedazo.

Veamos ahora nuestro caso, nuestra tragedia y el desastre en el que hemos convertido ese espacio económico donde apenas sobreviven los más pobres entre los pobres; donde habitan “los olvidados de la Revolución”.

¿A qué se debe que en un siglo no hayamos podido resolver el problema agrario en México? ¿Acaso es tan complejo, que no contamos con científicos y sabios capaces de diseñar las soluciones correspondientes, ni con los políticos capaces y decididos a ponerlas en práctica?

¿En verdad estamos frente a un problema de dimensiones tales, que durante casi cien años no hemos sabido o podido resolverlo? ¿No será que no hemos querido? ¿Acaso esto último explicaría el desastre del campo mexicano?

¿Seguimos el miércoles?

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