¿Cuántos miles de ángeles caben en la punta de un alfiler?

Un serio adorador del pasado, no se anda por las ramas del siglo XX...

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Ángel Verdugo 21/03/2014 00:00
¿Cuántos miles de ángeles caben en la punta de un alfiler?

Una de las cosas que jamás he entendido, es por qué los que sólo tienen el pasado y el antepasado para oponerse al futuro, no proponen temas que realmente vayan atrás en el tiempo y sean de gran trascendencia.

A cambio de eso, se enfrascan —y quieren que los sigamos en discusiones absurdas— en temas recientes los cuales, ya han sido discutidos, analizados y resueltos en el resto del mundo, excepto en México.

Sus posiciones acerca de si abrimos a la inversión privada todo lo relacionado con el petróleo y la generación de electricidad, o mantenemos la negativa que tanto daño ha hecho al crecimiento de nuestra economía y al desarrollo del país, son ya —en el resto del mundo— cosa juzgada como dirían los abogados.

La apertura de la economía y con ella el campo de la energía, es una sentencia que ha causado estado; el mundo ha entendido, que la manera más eficiente de aprovechar recursos como el petróleo y elevar la eficiencia en la generación y distribución de electricidad, no pasa por entidades cerradas, corrompidas e ineficientes como Pemex y CFE.

De ahí que pida a Cárdenas y López y a sus cada vez más escasos seguidores, que discutan temas realmente del pasado; uno podría ser, a reserva de que ambos pongan otros de igual importancia, el que planteo en el título. 

La discusión que al respecto sostenían los monjes en Bizancio a mediados del siglo XV, fue interrumpida debido a la invasión de los turcos que llegaron en tropel a Constantinopla. ¿Podrían Cárdenas y López junto con Batres, retomarla? Esta vez, ante la imposibilidad geográfica y militar de una invasión turca, no habría interrupción alguna que los distrajere de tan importante tarea. Para mayor tranquilidad y seguridad por el control que ambos ejercen en ellas, la discusión podría celebrase en Macuspana o Jiquílpan las cuales, para honrar a tan distinguidos líderes, podríamos rebautizar como Andresópolis y Cuauhtémopolis.

Les pediría, para evitar que estas sedes de tan importante discusión corran la suerte de Constantinopla, que lleguen a un número a la brevedad posible; por ejemplo, en unos 40 o 50 años. Enseguida, ya con la experiencia acumulada podrían seguir con otros temas de interés que los monjes de Bizancio dejaron sin solución: ¿Tienen alma las mujeres? ¿Cuáles son las dimensiones de los ángeles y cuál su aspecto?

Como puede usted darse cuenta, los temas que les propongo a nuestras figuras egregias (Insignes, ilustres) y casi heroicas por haberse batido como los buenos en defensa del petróleo, son temas del pasado. Un serio adorador del pasado, no se anda por las ramas del siglo XX, va más atrás; de ahí que el siglo XV me parezca el espacio natural donde sus inquietudes podrían manifestarse a plenitud.

¿Qué pasará con buena parte de los seguidores que a ambos les quedan? Salvo un puñado de ellos, constituido por oportunistas y resentidos, el resto deberá ponerse a trabajar.

Las condiciones en el país se agravan aceleradamente en lo que se refiere a la disponibilidad de recursos públicos para seguir subsidiando “beneficios sociales” los cuales, ni son beneficios y menos sociales.

 Lo mejor de la debacle que viene, es que nos obligará a ver las cosas con objetividad y a reconocer lo que somos como país. El camino lo trazó ya el secretario de Hacienda al mostrarnos —con datos irrefutables—, la bajísima productividad que distingue a nuestra economía.

Ésa es la ruta a seguir —hablar con la verdad—; no hay otra.

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