Unos nos quieren enviar al pasado y los otros, peor aún, al antepasado

¿De dónde viene ese amor y adoración al pasado y el antepasado, y el rechazo visceral del futuro?

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Ángel Verdugo 19/03/2014 00:00
Unos nos quieren enviar  al pasado y los otros, peor aún, al antepasado

Ayer, lo que exhibieron las marchas y actos diversos realizados con motivo del 76 aniversario de una de las medidas más dañinas que alguien pudo haber tomado —la expropiación de los activos de las empresas petroleras no del petróleo—, en contra de un desarrollo moderno con visión de futuro para un país que en 1938 empezaba apenas a querer despegar, fueron dos visiones las cuales, sin la menor consideración deberíamos desnudar y exhibir por reaccionarias y dañinas.

Una, la de “los modernos”, pretende vender como el mejor de los futuros, el pasado de los años setenta del siglo XX cuando Luis Echeverría y José López sentaron las bases del desastre que somos hoy en no pocos aspectos de la vida nacional.

La otra, la de “los antiguos”, vende como pasaje en primera clase al paraíso terrenal, la vía creada y llevada a grados de excelsitud por ese gran manipulador de campesinos y obreros que fue Cárdenas.

De las visiones que pasearon ayer por las calles del DF y se exhibieron con un cinismo que asusta por su oportunismo e ir en sentido contrario a la modernización, podemos decir con el viejo refrán que todos conocemos, que “es tan mala la pinta como la colorada”.

Si lo visto ayer se hubiera registrado a principios de los años ochenta del siglo XX, difícil —si no es que imposible— habría sido señalar lo erróneo de las posiciones enarboladas por quienes habrían intervenido como oradores; sin embargo, escucharlos 30 años después proponer el pasado y el antepasado como el mejor de los futuros, suena a insania.

Hoy, casi a la mitad del segundo decenio del siglo XXI, después de haber  concretado —a fuerza de desastres y de la debacle total del modelo de desarrollo que los marchantes de ayer no se cansan de añorar— cambios estructurales profundos los cuales, debe decirse, son apenas la primera fase de la puesta al día y modernización de un país que se aisló del mundo durante decenios; debería darnos miedo —por el obstáculo que representa—, el que aún hoy haya grupos amplios con esa visión del desarrollo.

¿De dónde viene ese amor y adoración al pasado y el antepasado, y el rechazo visceral del futuro? ¿Qué los explica y da sustento? ¿Será sólo la educación y los contenidos históricos que difunde, que datan en buena medida de los años 30 del siglo pasado?

¿Juega también a favor de aquellas dos posiciones la ignorancia de la historia, que campea sin obstáculo alguno en no pocos sectores de nuestra sociedad? ¿Y por qué no, acaso la corrupción de quienes encabezan esas marchas en beneficio propio, no tienen también parte de la responsabilidad de nuestra adoración al pasado y rechazo del futuro?

 ¿De qué ha servido habernos debido abrir al mundo en 1987? ¿No hemos sido capaces de ver, así fuera de manera superficial, lo que el mundo ha logrado en materia de desarrollo y cambio estructural desde los años sesenta y setenta del siglo pasado?

¿Cómo explicar y demostrar a los marchantes de ayer —que de manera sincera gritaban consignas a favor del pasado y el antepasado—, que están equivocados? ¿Cómo hacerles ver que lo que Cárdenas y López plantean y prometen hoy, es un sueño irrealizable? ¿Cómo hacerles ver que a ellos y sus cercanos, sólo los mueve el oportunismo cuando no la corrupción abierta y ofensiva? ¿Cómo hacer para que dejen de voltear al pasado en busca de soluciones, pues éstas hay que construirlas viendo al futuro?

¿Tiene usted alguna idea acerca de cómo hacerlo?

 

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