No somos ni debemos ser un país de nota roja. ¿Habrá conciencia de que vamos hacia allá?

Me niego a aceptar —cualquiera que fuere su sustento—, campañas mediáticas como las vistas estas últimas semanas.

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Ángel Verdugo 12/03/2014 00:00
No somos ni debemos ser un país de nota roja. ¿Habrá conciencia de que vamos hacia allá?

A partir de la recaptura del señor Joaquín Guzmán Loera entramos en una espiral descendente en cuanto a contenidos mediáticos se refiere, que tengo la impresión de que no hay conciencia de hacia dónde nos puede llevar esa estrategia.

Si bien durante el gobierno del presidente Calderón la nota roja fue, en no pocas ocasiones “la nota” —periodísticamente hablando—, lo que hoy vemos parece tener una motivación diferente a la que aquél tenía. En aquellos años, quizá la búsqueda de una victoria (imposible de alcanzar) era lo que motivaba al Presidente y sus estrategas; sin embargo, por más importante que fuera para los planes de su administración, pienso que les importaba más obtener con ella su legitimación la cual, dada la visión equívoca que de su victoria tenía, la juzgaban necesaria.

Hoy, no se busca la legitimación de origen —al menos esa impresión tengo—; lo que se busca con las avalanchas mediáticas en torno a un delincuente recapturado, una joven violada o un delincuente supuestamente muerto en un enfrentamiento con la Policía Federal en diciembre de 2010 y muerto ahora, pienso que es otra cosa.

Ante las dificultades que enfrentamos —consecuencia natural del mediocre crecimiento del PIB en 2013 (1.1% en vez del 3.5% originalmente pronosticado), algo hay que hacer para levantar lo que ha caído y lo seguirá haciendo: el nivel de popularidad.

El pronóstico de 3.9% para este año es ya, algo muerto; los optimistas hablan de crecer entre 3.2% y 3.5% o 3.6% pero, los pronósticos realistas lo ubican en el orden de 2.6 por ciento.

Ante esta realidad, que difícilmente cambiará en los próximos meses y de hacerlo, será para empeorar, la recaptura del señor Guzmán, la salida de la cárcel para ser juzgada en libertad de una joven violada y la muerte —ahora sí demostrada de manera fehaciente— de un delincuente, bien pueden servir para lograr aquel objetivo.

De ahí que se piense en este último como el soporte de las avalanchas mediáticas que hemos debido aguantar de manera estoica. Sin embargo, lo anterior tiene un lado negativo que va más allá de la búsqueda de popularidad: el riesgo de convertir a México en un país donde la nota roja sea la reina de los espacios mediáticos.

Si uno revisa con cuidado periódicos y medios emblemáticos por su tradición de buen periodismo y reflejo objetivo de lo que es la sociedad, el gobierno y el país donde se publican y aparecen, la nota roja ocupa un lugar secundario en el universo total de los espacios mediáticos.

Por más peligroso que hubiera sido un delincuente y vistosa y espectacular su recaptura, en modo alguno habría ocupado los espacios aquí dedicados al señor Guzmán Loera; menos aún los medios se habrían volcado con notas, reportajes y entrevistas a una joven violada, no se diga ya a la muerte de un delincuente al que se suponía ya muerto.

Me niego a aceptar —cualquiera que fuere su sustento—, campañas mediáticas como las vistas estas últimas semanas; México no es ni debe ser un país de nota roja. Presentarlo así, aun cuando fuere de buena fe basada en razones periodísticas, soy de la idea de que la nota roja debe ocupar un lugar muy menor en la oferta mediática.

Por otra parte, si algunos piensan que así es como van a levantar una popularidad caída, se equivocan; por el contrario, a nadie beneficiarían y sí dañarían la imagen del país.  Por eso digo y repito, México no puede ni debe ser convertido en un país de nota roja.

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