¿Es útil y conveniente asistir hoy, a la reunión de Davos?

Piensan que al no estar presentes en el foro, el mundo no sabría quiénes son.

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Ángel Verdugo 17/01/2014 00:00
¿Es útil y conveniente asistir hoy, a la reunión de Davos?

Desde la apertura en 1987 y la posterior firma y entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, el pueblito suizo de Davos —específicamente la reunión anual que ahí celebra el World Economic Forum—, ha ejercido en nuestros políticos una seducción que raya en enfermiza obsesión.

Ven su asistencia y participación ahí, como la consagración del asistente y por supuesto, la adquisición —con la sola presencia—, de un estatus que sólo sirve para engañar a incautos.

Se deja de lado que, tratándose de mandatarios, su consagración es consecuencia de la gobernación que ejercen en su país y los resultados que entregan, no en asistir a reuniones como la de Davos la cual, si fuéremos objetivos, la valoraríamos como lo que es, una más de las que cada año se celebran en el mundo.

La eficaz mercadotecnia que ha llevado a cabo el señor Klaus Schwab desde que concibió ese redituable negocio del Foro Económico Mundial, coloca a no pocos mandatarios y empresarios en la difícil e incómoda situación de “tener que asistir a Davos” porque, de no hacerlo, piensan que el mundo no sabría quiénes son, qué hacen y cómo lo hacen.

De hecho, el señor Schwab ha vendido la baratija ésa de que para “ser alguien” hoy, el gobernante y el empresario deben asistir a Davos cada año. Es tan efectivo en esto el dueño de ese imperio que es el Foro Económico Mundial, que no pocos se han convertido en “habitués” de sus reuniones anuales.

Esta vez, el mismo señor Schwab ha anunciado la participación estelar del presidente Enrique Peña Nieto; durante alguna de sus intervenciones hablará, de eso que se vende hoy como la cura milagrosa de todos nuestros males (¿curará también el mal tarasco?): La Reforma Energética a la cual, lo que bien sabe el señor Schwab, le falta lo principal, la legislación secundaria y su posterior concreción. Al respecto, como diría el secretario de Energía, apenas completamos la primera etapa, y aún faltan dos.

Tratemos pues, de ver con objetividad la participación de gobernantes de países como el nuestro en un foro como el de Davos. ¿Es en verdad necesario ir allá, para que los inversionistas conozcan lo que éste o aquel país lleva a cabo en materia de transformaciones en su economía, la solución de sus problemas estructurales y la remoción de los obstáculos que impiden o dificultan la inversión y la creación de empleos formales?

La respuesta, es un rotuno no; la asistencia a Davos es más un acto frívolo que tiene una buena dosis de egocentrismo, que un acto efectivo de promoción. ¿Acaso alguien que sepa de atracción de inversiones, compra eso de que los inversionistas están atentos a lo que se haga y diga en Davos para tomar sus decisiones?

Para soportar la petición respetuosa al presidente Peña Nieto para que cancele su asistencia a Davos, sólo tengo una pregunta: ¿Asistió a Davos Teng Hsiao-ping, para que la República Popular China pudiera lograr lo que hoy vemos?

¿No sería mejor dedicarnos a promover en México y concretar los cambios estructurales que urgen, y así remover tanto obstáculo a la inversión, el crecimiento y la creación de empleos en vez de ir a Davos? Es más, si hiciéremos todo eso, hasta el viaje a ese incómodo y frío lugar nos ahorraríamos pues los inversionistas, los verdaderos, lo sabrían y reconocerían.

Por favor, señor Presidente, entrémosle al problema de Michoacán y a tantos otros, en vez de ir a Davos; sería más útil y efectivo, y más barato.

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