¿También perderán la batalla? No, pues ya la perdieron

¿Qué hacer en México? ¿Seguir vendiendo la inviable utopía socialista?

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Ángel Verdugo 01/01/2014 00:00
¿También perderán la batalla? No, pues ya la perdieron

Cuando uno ve cómo decenas de países han perdido la batalla ideológica frente a Estados Unidos y lo que este país representa, debemos preguntarnos si también la perderán los que han pretendido, desde hace una buena cantidad de años, disputarle el liderazgo en dicho terreno.

Al ver a centenas de chinos recorrer deslumbrados y contentos los Universal Studios y Disneyland, uno debe voltear a los años 70 del siglo pasado cuando, en plena Revolución Cultural, millones de ellos adoraban cual nuevo Dios, al presidente Mao y tenían, como liturgia de la  nueva religión, el pensamiento Mao Tse-tung.

¿Dónde quedó ese fervor ideológico? ¿Dónde la fidelidad a una visión del mundo, que planteaba la erradicación total mediante todos los medios, cualquier vestigio de ideología burguesa? ¿Dónde los guardianes de la nueva fe, que cual policías musulmanes castigaban a los herejes y a todo aquel que no siguiera al pie de la letra el canon establecido por la camarada Chiang Ching y el resto de la Banda de los Cuatro?

El proceso de derrota ideológica visto en la República Popular China desde la muerte del presidente Mao en 1976, y el posterior ascenso de Teng Hsiao-Ping y su gato que sabe cazar ratones al margen de su color, es uno de los grandes procesos fallidos en materia de adoctrinamiento y culto a la personalidad. Sin embargo, cuando en aquellos años se pensaba que tal conversión ideológica acertaría donde los soviéticos habían fracasado, jamás pensamos que la historia nos depararía uno de los grandes vuelcos ideológicos del siglo XX.

La debacle ideológica en la extinta URSS que precedió a su caída y extinción, no es de la misma magnitud de lo visto en la República Popular China; en el caso de aquel país, se intuía el desenlace, pero lo sucedido en China Popular a más de uno tomó por sorpresa.

Pocos años después, en 1985, la historia se repitió en Vietnam. Ante el desastre producto del intento de construir el socialismo, los dirigentes del Partido debieron tomar una decisión parecida a la que tomaron los chinos pocos años antes: dejar las viejas utopías irrealizables, y lanzarse a pasos acelerados a construir lo que vieron como única solución: el capitalismo y la economía de mercado.

Hoy, la República Popular China y Vietnam, van en la dirección correcta; pronto, ya lo veremos, el mercado los llevará inevitablemente, a la democracia.

Fue lo mismo en Albania, y no falta mucho para verlo en Cuba. De Venezuela, Bolivia y Nicaragua, ni siquiera es necesario hablar por ser remedos de socialismo; lo que pretenden lograr las camarillas que detentan el poder en esos países, es esconder su corrupción burda y ofensiva. Ahora bien, si esto que señalo es el futuro inevitable para todos, ¿también caerá la camarilla que formó Kim Il-sung? ¡Por supuesto!

A muchos debe causar escozor que afirme que el futuro que se vislumbra para todos, pertenece a la economía de mercado y la democracia. Sin embargo, aunque lo duden y se opongan, aquella afirmación es casi una verdad axiomática.

¿Qué hacer en México? ¿Seguir vendiendo la inviable utopía socialista, a los que están inermes debido a su ignorancia frente a los que han hecho de aquella una herramienta para enriquecerse como jamás soñaron? ¿Qué necesitamos para desenmascararlos y empezar a construir un futuro diferente, el del mercado y la democracia? Primero, no votar por ellos y segundo, participar activamente en la cosa pública.

¿Acaso tiene usted otra forma de lograrlo?

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