Cuidado con las ilusiones; son como las pompas de jabón, no duran

Con la Reforma Energética se anuncia un alud de miles de millones de dólares.

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Ángel Verdugo 18/12/2013 00:00
Cuidado con las ilusiones; son como las pompas de jabón, no duran

La aprobación de la Reforma Energética y su promulgación hoy o mañana, ha dado pie a no pocos para anunciar un alud de miles de millones de dólares, inversiones y empleos junto con un anhelado crecimiento del PIB por encima de cinco por ciento.

Esos dólares y los empleos que nos aseguran están a la vuelta de la esquina son, para decirlo claro, una ilusión. La realidad se encargará en pocos meses de desinflarlas; cual pompas de jabón, si nada hiciéremos, estallarían sin dejar rastro alguno.

Los países que han obtenido beneficios duraderos de sus ingresos petroleros han procedido, para empezar, con una objetividad en lo que se refiere a los logros a alcanzar, que debería ser ejemplo a seguir.

En ellos, sabían y saben que en tratándose de entradas masivas de recursos producto de la venta de petróleo, y del atractivo que representa para quienes se dedican a la exploración, extracción, transformación y distribución de dicho recurso, su traducción en desarrollo, crecimiento económico y empleos es, no nos engañemos, un proceso largo y no exento de dificultades y obstáculos.

De ahí que hablar hoy —cuando ni siquiera tenemos las leyes secundarias que concretarían las reformas constitucionales aprobadas— de miles de millones de dólares, cientos de miles de nuevos empleos y de éste o aquel porcentaje de crecimiento del PIB sea, sin ánimo de ofender, una irresponsabilidad. Quizá convenga, para ubicarnos en nuestra realidad, recordar la certera frase de Gómez Morin: “Que nadie se ilusione para que no haya desilusionados”.

Hoy, por encima de lo que marca la prudencia y la responsabilidad política, ya empezaron a hacer de las suyas los ilusionistas de siempre, los que avivan y estimulan esa conducta perversa que tanto daño nos ha hecho: hacernos ilusiones.

Las decenas de miles de millones de dólares que llegarán al país de manera casi mágica, ¿dónde los pondremos? ¿Qué haremos con ellos? ¿Dilapidarlos y alimentar la insaciable corrupción, como ha sido regla en nuestra historia?

No cabe duda que eso de aprender de nuestros errores, no es lo nuestro; somos renuentes en esto de revisar nuestra actuación para encontrar dónde fallamos; no somos un pueblo que se interese en analizar lo que hacemos, ver dónde nos equivocamos para corregirlo y no volver a cometer ese error. Preferimos, a cambio de esto, hacernos ilusiones; soñar, aunque los sueños jamás se concreten.

Con la aprobación de la Reforma Energética y su promulgación, los dólares y empleos y el crecimiento espectacular del PIB son ya, nos dicen, prácticamente una realidad; lo son, sí, pero una realidad totalmente virtual.

Está en la mente de quienes prefieren las ilusiones, a tomar medidas impopulares y dolorosas para concretar lo que sueñan; piensan, ahí está su error, que las ilusiones a nadie hacen daño y a todos contentan. En cambio, decidir para avanzar, enoja a muchos.

Los que hoy nos venden ilusiones en vez de hacer un llamado para empezar, todos, a trabajar para concretar los avances que nos darían —ellos sí—, inversiones y empleos, son los ilusionados de Gómez Morin.

Si llegaren o no los miles de millones de dólares que nos venden como si fueren una realidad, sería algo secundario; lo que importa es convencernos de que la aprobación de la Reforma Energética lo es todo. Nada más falso y peligroso; falta un trecho muy largo para empezar a ver los resultados los cuales, no hay duda, los habrá pero, no inmediatamente y sin dificultades.

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