Oráculo mundialista (I)

El éxito del balompié probablemente se deba a que es un ímpetu humano natural.

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Álvaro Chaos 03/06/2014 00:00
Oráculo mundialista (I)

Prepárese, condenado lector, a recibir una dosis mensual condensada de goles y estupideces. Llega Brasil 2014. Si es amante del futbol, acabará hastiado de los programas anexos e innecesarios para retrasados, en los que hacer tonterías, burlarse de la gente y enseñar voluptuosos balones de piel será la atracción. Inclusive, la epidemia infectará a los canales culturales. Si no es aficionado al deporte más popular de este planeta, reciba mis condolencias, vomitará cuero.

El éxito del balompié muy probablemente se deba a que es un ímpetu humano natural. La diversión de patear es ancestral, milenaria. Diversas civilizaciones tuvieron actividades similares. Cuento chino ese de que lo inventaron los ingleses. Es el juego del hombre, sentenciaba Ángel Fernández. Por algo la FIFA posee más miembros que la ONU. Ninguna religión tiene más fieles. Incluso logró invadir a Estados Unidos, país donde los deportes se planifican para la mercadotecnia, el consumo y la televisión. El baloncesto, el beisbol y el futbol americano —nombre inexplicable, pues usan las manos— están diseñados para vender. En sus infinitos tiempos muertos incrustan múltiples comerciales. Los soberbios estadunidenses pretendieron cambiar las reglas del futbol para hacerlo un súbdito del dólar.

No olvidaré mis primeros partidos allá. La ilusión de jugar “cascaritas”, aunque fuera con puro gringo “maleta”, se frustró en mi primer encuentro. ¡Había niñas!, lo cual fue funesto para dos de ellas, porque interpusieron sus pechos a mis disparos al marco. Después de las carambolas, las chicas acabaron en la enfermería de la escuela, y yo como the dangerous Mexican. Debut nada envidiable con chicks de buen ver. A veces usaban una regla extraña, los delanteros sólo podíamos jugar de media cancha hacia arriba y los defensas de la media hacia abajo. También crearon los shootouts, abandonándolos en 2000. A la larga, el Tío Sam se arrodilló delante del esférico.

Hace unos días, el banco Goldman Sachs publicó su apuesta sobre cómo se desarrollará este Mundial. Quería propaganda y la consiguió. Suspicaz soy ante los estadunidenses en el futbol, los bancos y la interpretación estadística tendenciosa. Decidí analizar el modelo predictivo de la institución neoyorquina.

Revisando los marcadores que da el Banco para los partidos de la primera etapa, se aprecia un problema. Veamos el caso de México. Según la investigación, Brasil va a golear a todos —no hace falta mucha matemática para decir eso—, la lucha estará por saber quién clasificará con ellos. Al hacer la tabla final del grupo, el orden es: Brasil, nueve puntos; Camerún, Croacia y México, dos. En la segunda ronda aparecen los balcánicos, sin razón explícita alguna. El estudio no aclara cómo escogió los acompañantes de los brasileños. En el reglamento oficial se estipulan siete criterios de desempate para la fase de grupos. El primero de ellos es irrelevante, puesto que son justamente los puntos. El segundo establece la diferencia de goles. Allí, Croacia y México tienen -3, Camerún queda fuera por su -5. El tercero toma en cuenta los goles a favor. Es inútil, tanto nosotros como los croatas anotamos tres. Cuarto, quinto y sexto restringen los resultados a los equipos involucrados.

Seguramente la FIFA no ha revisado bien estas normas casi inservibles. En la disyuntiva mexico-croata, ninguno funciona para desempatar. Los puntos obtenidos entre México y Croacia (uno), la diferencia de goles (cero) y el mayor número de goles marcados en los partidos entre las escuadras en cuestión (uno) son idénticos. El criterio último es un sorteo. El azar dirá quién pasa.

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