Criaturas deliciosas (2)

El hombre dividió a la vida en animales y plantas como primer acercamiento.

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Álvaro Chaos 13/05/2014 00:00
Criaturas deliciosas (2)

La clasificación es una actividad vital. Según la óptica humana, requiere de comprensión. Una cebra aprende que debe huir de leones, leopardos, hienas y cocodrilos. Ñues, antílopes, jirafas y demás herbívoros, son compañeros en la sabana, y las hierbas, comida. Cuanto más rápido haga la separación, mejor le irá. Los humanos hacemos lo mismo. El entendimiento del mundo se refleja en la manera que lo seccionamos. Igual que ese equino rayado africano, delimitamos a las especies en las mismas categorías básicas: peligrosos, inocuos y beneficiosos.

El hombre dividió a la vida en animales y plantas como primer acercamiento. Unos seres se mueven y otros no. Además de ser inmóviles, la capacidad de generar su alimento hace a los vegetales muy distintos a los animales. Toda la vida cabía en esos dos reinos: Animalia y Vegetabilia. Posteriormente, Vegetabilia cambió de nombre a Plantae. Ambos perduraron hasta mediados del siglo XIX. Dos siglos hacía ya desde la invención del microscopio y el descubrimiento de seres pequeñitos, llamados animálculos. Era casi imposible situarlos en alguna de las dos divisiones establecidas. Por sugerencia de varios naturalistas, se creó un tercer reino, el Protista. Sus integrantes abarcaban seres compuestos por una sola célula, diminutos y que no eran plantas ni animales. Este reino se construyó por exclusión, cualquier organismo que no embonara en los demás, se metía aquí. Luego se detectaron protistas cuyo ADN estaba encerrado en un núcleo (eucariontes), mientras otros lo tenían disperso por la célula (procariontes), se acordó sacar a los segundos y crearles su reino natural. Así surgió el reino Monera, conformado por las bacterias, seres unicelulares sin núcleo. Los hongos, quienes habían permanecido como plantas hasta 1959, fueron integrados en su propio reino, el Fungi, compuesto por organismos eucariontes que forman esporas. A las algas también se les sacó de las plantas y se incluyeron en el Protista. Ni hongos ni algas son plantas. Este esquema de cinco reinos: Monera, Protista, Fungi, Plantae y Animalia, alcanzó un crédito amplísimo desde entonces. Sólo ha presentado una modificación importante, en la cual se divide a Monera en Archaebacteria y Eubacteria.

Ahora que sabemos estas divisiones, podemos escoger nuestro ser vivo predilecto de cada reino. Abundan las criaturas apetitosas en el reino Animalia, lo cual pone de manifiesto nuestra naturaleza carnívora. Le confesaré que hacer esa elección me cuesta trabajo. Entre mis finalistas de carnes rojas tengo a la vaca y al cerdo. No soy tan afecto a los plumíferos, propondría a las perdices. El mar rebosa de bocatas di cardinale: ostras, almejas, berberechos, sardinas, merluzas, calamares. Parientes cercanos de los últimos, pero terrestres, los caracoles, no se quedan atrás. Obligado a escoger uno, diría que las angulas son mis favoritas. El universo de las verduras posee sus exquisiteces en las frutas. El mango es el número uno. Peras y aguacates van detrás. Aparecen alcachofas, palmitos, pimientos morrones y las dulces chufas. De los hongos me gustan los champiñones, sobre todo la variedad portobello. Pero mi elegido es la microscópica levadura. Gracias a esta minúscula heroína, y a la uva, existe el vino. Y también el pan y la cerveza. La gastronomía se restringe en los reinos Protista y Monera. Si usted tiene afición por las algas, puede proponer algún candidato del primero. Del segundo, olvídese de encontrar tacos bacterianos y bacterias rellenas de picadillo. Lo que ellas sí hacen son las bebidas de moda para la buena digestión.

¿Cuáles son sus favoritos?

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