Ciencia y cine: Gravity

No siempre gana el mejor, sino el que encaja con la moral de la Academia.

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Álvaro Chaos 25/02/2014 00:00
Ciencia y cine: Gravity

Este domingo podremos ver la premiación a lo mejor del cine joligudense. En esta ocasión, como ya todos sabemos, hay tres mexicanos nominados. Alfonso Cuarón compite por el premio al mejor director y a la mejor edición (junto con Mark Sanger) con Gravity; Emmanuel Lubezki, por la mejor fotografía (Gravity); y Lupita Nyong’o, por la mejor actriz de reparto (12 years a slave). La cinta de Cuarón suma en total diez nominaciones, donde igualmente destacan las de mejor película y mejor actriz. En algunas categorías la pelea será complicada. En efectos especiales luchará contra dos colosos de la fantasía: Star Trek Into Darkness y The Hobbit: The Desolation of Smaug. Ambas con recursos superiores claramente. En lo que respecta al galardón de mejor película, será difícil batir a 12 años esclavo. Gravedad está hueca en historia, 12 años esclavo es sicología estadunidense típica. No siempre gana el mejor, sino el que encaja con la moral de la Academia.

Más allá de críticas cinematográficas, la ciencia —que no la ciencia ficción— es un actor principal en la cinta. El acierto mayor de Cuarón es presentar al espacio como un gran mar silente. Se dice al principio de la película: “Nada hay que transporte el sonido”. Sólo escuchamos los intercomunicadores de los astronautas y de la base espacial en Houston, las ondas de radio sí se transmiten en el vacío. Estamos mal acostumbrados a oír rugidos imponentes y sordos de naves espaciales inmensas al pasar por la pantalla y a escuchar láseres chillones en las batallas interestelares. El sonido se propaga en la Tierra porque existe la atmósfera, que se desempeña como conductor. En el agua también se pueden percibir sonidos, porque el líquido actúa de la misma manera que el aire propagando la onda acústica. Cuando la nube de residuos satelitales choca contra el transbordador Explorer y las dos bases espaciales, nada oímos. ¡Bravo! Yo incluso hubiera quitado la música para exagerar la soledad del vacío cósmico.

La atmósfera es necesaria para transmitir voces y, además, funciona como filtro solar. Ante su ausencia, la radiación del Sol pega sin piedad. Debido a eso, los cascos de los astronautas tienen un visor secundario con recubrimiento dorado, sin él, quedarían quemados en minutos. No sé si Alfonso sabía del protector; de todas formas, la licencia fílmica era obligada, de lo contrario, daba igual quién interpretara a la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock) y a Matt Kowalski (George Clooney), los hubiéramos visto poco. Algo similar a lo que acontecía en la extraordinaria serie televisiva UFO, donde los pilotos de los ovnis llevaban un casco lleno de un líquido verdoso que impedía verles el rostro. Elemento central en la trama.

Curiosamente, los errores más serios se relacionan con la gravedad y el movimiento. Veamos un par de ellos. Cuando sucede el accidente, Stone sale girando cual hélice por el cosmos, su velocidad aminora posteriormente. La situación es inverosímil, en ausencia de fuerzas de cualquier tipo, la astronauta permanecería rolando a la misma velocidad eternamente.

Al estar rebotando en los artefactos espaciales, Ryan queda atorada en unas amarras de la Estación Espacial Internacional y Kowalski pende de una cuerda que sujeta la doctora. Según Matt, cierta fuerza lo aleja, por lo que debe soltarse para evitar que ambos queden a la deriva. —Tú lo lograrás, Ryan—, se despide y desengancha. Otro imposible. Una vez que ella lo detiene, no hay razón por la cual él siga jalándola.

Gravedad tiene otros puntos importantes que discutiremos desde la ciencia, mientras, le deseamos suerte al trío de compatriotas.

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