Godzilla y el terror nuclear

En 1998, salió la versión fílmica estadunidense del monstruo japonés

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Álvaro Chaos 11/02/2014 00:00
Godzilla y el terror nuclear

Varios barcos japoneses explotaron y se hundieron cerca de la isla Odo en 1954. Apenas nueve años después de la rendición de Japón —único país con cicatrices radiactivas— en la Segunda Guerra Mundial. El gobierno nipón mandó expediciones para esclarecer las causas de los desastres. Como sucede siempre cuando las guerras acaban, zonas del mar y de la tierra quedan atestadas de artefactos explosivos. Posiblemente las desgracias se debían a que el área estaba minada.

La expedición al mando del paleontólogo Kyohei Yamane descubre la causa de los siniestros. En la isla se habían hecho pruebas con armas nucleares, la radiación filtrada a través de las rocas submarinas había alcanzado el cubil milenario donde residía un Godzillasaurus congelado. El efecto radiactivo lo había despertado y dotado de tamaño y poderes extraordinarios. Gojira, como lo apodaban los nativos isleños, se desboca y comienza a destruir todo lo que encuentra a su paso. Su aliento atómico es devastador. Al fin, llega a Tokio. Un par de incursiones le bastan para arruinar gran parte de la ciudad y poner a todos a temblar. Sólo un arma del profesor Daisuke Serizawa puede eliminar al reptil, pero él teme que el artefacto, más poderoso que la bomba de hidrógeno, se use en contra de la humanidad algún día. Además, opina que matar al dinosaurio es inmoral. Al final, viendo el sufrimiento del pueblo, decide usarla. Godzilla muere en la bahía tokiota.

Godzilla integra características de diferentes dinosaurios famosos. Es un daikaiju («monstruote» en japonés) de 180 metros de estatura. Es bípedo, estructuralmente recuerda a un tiranosaurio con una testa un poco más pequeña y unos brazos más largos y fuertes, parecidos a los del iguanodonte. Su espalda cuenta con numerosas placas óseas salientes y picudas, similares a las del estegosaurio, un dinosaurio cuadrúpedo.

Los tiranosaurios habitaron en Norteamérica hace unos 65 millones de años. Medían 12 metros de longitud por cuatro de alto y pesaban siete toneladas aproximadamente. Poseían una cabeza descomunal, debido a la necesidad de anclar en ella músculos enormes para potenciar su mordida. Esta carga delantera se equilibraba con un rabo largo y pesado. Sus patas eran poderosas y contrastaban con los miembros delanteros que eran muy pequeños, los cuales terminaban en dos garras. Los primeros fósiles fueron hallados en 1874. Al armarlo, el animal quedó sostenido, a 45 grados de la vertical, sobre tres puntos de apoyo: el par de extremidades traseras y la cola. Vaya, como se yergue un canguro, un dragoncito panzón de caricatura o Barney. Se montó en esta posición en el Museo Americano de Historia Natural y permaneció así hasta 1996, a pesar de que en 1970, estudios científicos demostraron que el reptil no podía haber tenido esa postura. En realidad, caminaba sobre dos patas y la cola no tocaba el suelo, se bamboleaba en el aire. Inclusive en Parque Jurásico (1993) apareció la nueva pose. En 1998, salió la versión fílmica estadunidense del monstruo japonés. Por primera vez, el engendro aparece en la posición correcta de un tiranosaurio. Ahora su origen se debe a que los ensayos atómicos irradian unos huevos de iguana del tipo que habitan las Islas Galápagos. Por lo demás, la trama es igual. Como suele pasar con los refritos del cine de Hollywood, el resultado decepcionó a los fanáticos.

Godzilla nos instruye sobre dinosaurios y su armado; sin embargo, la moraleja es otra. El daikaiju es una alegoría del poder nuclear. Del horror del Sol naciente. Esa isla que alberga aún el aliento de la bestia en Fukushima.

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