King Kong y las islas misteriosas

Si se encontrase una isla remota con gorilas, éstos serían pequeños.

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Álvaro Chaos 04/02/2014 00:00
King Kong y las islas misteriosas

Los lugares remotos y recónditos, de los que se desconoce todo, son imanes que atraen a los aventureros. Dentro de estos sitios cerrados, las islas son las más codiciadas. Porciones de tierra ajenas a las leyes cosmopolitas de los continentes, separadas de viajeros cotidianos, lejanas de la vulgaridad diaria, de la seguridad de los mapas, donde uno puede encontrar tesoros increíbles, muertes espantosas, revelaciones, escollos que templan el alma, fieras, engendros y venenos mortales. Obras de diversa índole instalan a sus personajes en estos terroncitos flotantes. Como muestra del archipiélago literario tenemos a La isla misteriosa de Julio Verne, La isla del Dr. Moreau inventada por H.G. Wells, La isla del tesoro de Stevenson y El cuento de la isla desconocida escrito por Saramago. Ciencia, ciencia ficción, aventura y crítica social componen el abanico temático de los escritos anteriores. Aun hoy, las historias isleñas generan grandes ingresos y atraen al público de edades variopintas como lo hizo Lost, serie de televisión estadunidense que narra las peripecias de los supervivientes de un accidente aéreo en una isla muy peculiar del Pacífico, un éxito desde su inicio en 2004. El cine popularizó a la Isla Calavera, cuyo nombre proviene de un promontorio enorme en forma de cráneo. Una versión diferente afirma que se le designa así porque vista desde el aire, su contorno dibuja una calaca. Sobrenada en el océano Índico. Más importante que la figura ósea es la fauna de la isla. Destacan reptiles gigantescos y el más grande de todos los simios que han existido. Los nativos adoran al antropoide, le entregan doncellas cotidianamente. Infortunadamente, Kong, el gran simio, encontrará su final no en el territorio aislado, sino en una ciudad salvaje de un país aún más.

De la misma forma que las islas son misteriosas en las ficciones humanas, lo son en la realidad biológica. No son invenciones humanas las rarezas insulares. Las ínsulas son singulares y pasan cosas extrañas en ellas. Un fenómeno famoso en las películas es el gigantismo. Por razones desconocidas, muchas especies de reptiles, de insectos y de mamíferos pequeños crecen a tallas exageradas. El ejemplo más claro y aterrador es el dragón de la isla de Komodo (Varanus komodoensis). Con sus tres metros de largo y más de 80 kilogramos, califica como el lagarto de mayor tamaño en el mundo. Ningún otro de sus parientes llega a semejantes dimensiones. De la misma forma, ciertos cangrejos, anfibios y musarañas isleños son mayores que sus familiares continentales.

Por causas aún no descubiertas, en las islas ocurre el enanismo. Los mamíferos que son de tamaño grande en los continentes se empequeñecen en las islas. Se han descubierto restos de una especie de elefante (Elephas maidriensis) que habitó durante el Pleistoceno (entre hace 10 mil y dos millones de años) en la isla de Malta. Su altura apenas rebasaba el metro y medio. En la isla de Creta moró otra especie de paquidermo todavía más chiquito, el Elephas falconeri, el más chaparrín de todos, medía un metro de altura, hoy sería un elefante toy. Más ejemplos de enanismo corresponden a los alces. Un alce actual mide un poco más de dos metros. En la isla de Cerdeña hay registros fósiles de ejemplares cérvidos de apenas metro y medio (Megaceros cretensis). Y para competir por la marca mundial de ciervos chiquitos, se encuentra el Megaceros cazioti, un ciervo pitufín de 30 centímetros de altura.

Si se encontrase una isla remota con gorilas, éstos serían pequeños. King Kong jamás pudo haber existido, al menos en una isla.

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