¡Guau! Inteligencia extraterrestre 2

Un típico «fin de semana» sideral podría durar un siglo.

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Álvaro Chaos 21/01/2014 03:59
¡Guau! Inteligencia extraterrestre 2

El 30 de octubre de 1938, se transmitió por radio la primera cobertura noticiosa sobre un combate entre dos planetas. Ejércitos marcianos atacaban la ciudad de Nueva York. Infinidad de radioescuchas histéricos y aterrorizados descansaron al enterarse que todo era una mascarada. La adaptación radiofónica de la novela de H. G. Wells, La guerra de los mundos, realizada por Orson Wells, había sido un éxito mediático. El evento se repitió en Ecuador (1949), en México y en Portugal (1998), con los mismos resultados. Lo cual deja patente la influencia poderosa de los medios de comunicación, la ingenuidad de la gente y el arraigo popular de los extraterrestres. Algunos lectores me han enviado amablemente información de sitios en internet sobre el tema último. Uno recurrente es Sirius disclosure. Está dirigido por el médico Steven Greer. Digamos que es la versión real de David Vincent, arquitecto él, protagonista de la famosa serie sesentera Los invasores. La tesis del lugar es que nuestro planeta es visitado por civilizaciones interestelares a través de otras dimensiones a velocidades superiores a la de la luz. Los gobiernos lo ocultan porque si estos seres nos compartieran el conocimiento para desplazarnos así, el negocio del petróleo se iría a pique junto con toda la economía capitalista y las familias gobernantes del mundo. El lugar tiene videos y libros a la venta, pero lo mejor es que está disponible una app para contactar extraterrestres usando meditación y visión remota (ojalá sea inalámbrica y gratis, si no, el costo del cablecito y la renta serán de «otro mundo»). La táctica de muchos de estos lugares se basa en adornar supercherías con datos y teorías científicas serias para hacer creíbles sus aseveraciones. Veamos el caso de los viajes espaciales.

El problema inmenso y principal para comunicarnos con sociedades astrales (suponiendo que existan) es el tamaño del cosmos. El planeta más parecido a la Tierra es Kepler 78-b. Viajando a la velocidad de la luz, uno tardaría 430 años en llegar allí; al paraje hacia donde enviamos nuestra señal amistosa desde Arecibo, 25 mil. Es evidente que si uno quiere creer en contactos del tercer tipo, debe asegurar que los visitantes poseen una tecnología tan desarrollada que superan estas velocidades. Aun así, si logran reducir los miles de años en cientos, existe otro impedimento: la longevidad. Un típico «fin de semana» sideral podría durar un siglo. Es necesario que estos seres también tengan dominada alguna técnica para suspender las funciones vitales. Nuestra física y biología niegan esas posibilidades.

De acuerdo con la primera, la velocidad de la luz no sólo es un límite, sino que, además, para alcanzarla se necesita de una energía infinita. Esto significa que si usted encuentra un platillo volador reluciente, y quiere ver su aceleración de 0 a 300 mil kilómetros por segundo —la velocidad de la luz—, como hacen en las pruebas de los autos deportivos, va a necesitar un tanque de gasolina de tamaño infinito. Los ufólogos resuelven la dificultad valiéndose de los taquiones, partículas con la capacidad de moverse a velocidades superlumínicas. Son hipotéticas, es decir, no existen, pero en la ciencia ficción son famosas. Al dominar el taquión, dicen, sería posible viajar más rápido que la luz. No obstante, se les olvida que para desacelerar una nave taquiónica a cero, también se requiere energía infinita.

Teóricamente, al trasladarse a esas velocidades, el tiempo corre de manera inversa. Si nosotros viajáramos así, visitaríamos el pasado. Seríamos los alienígenas de los mitos ancestrales.

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