Estrellas de Belén

Se dice que el hijo de Dios, Jesucristo, nació en Belén hace 2013 años.

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Álvaro Chaos 07/01/2014 00:00
Estrellas de Belén

            A Arthur C. Clarke.

Ayer, 6 de enero, los niños recibieron regalos y todos comimos la deliciosa Rosca de Reyes. Partirla es emocionante, lleva en su alma de trigo la talla de un bebé, aquel comensal que reciba al niño dentro de su pedazo deberá organizar un ágape el 2 de febrero. La tradición señala que en cada rosca va un infante, pero actualmente los niños se han multiplicado y no gracias al Espíritu Santo. Hay unas que paren hasta media docena de pequeños. La causa es la pobreza. Hacer una fiesta justo al término de la «cuesta de enero» va más allá de las creencias, por eso, la responsabilidad se comparte. La miseria es directamente proporcional al número de hijos.

Los orígenes del ritual son añejos. Provienen principalmente del Evangelio de Mateo, el cual ha tenido ciertas distorsiones a lo largo de estos milenios; sin embargo, el Evangelio mismo es producto de otras desviaciones. Así son las historias, como cualquier ser viviente, mutan y se transforman.

Se dice que el hijo de Dios, Jesucristo, nació en Belén hace 2013 años. Una luz avisó del evento y marcó el sitio. Tres reyes emprendieron un viaje desde Oriente para llevarle obsequios siguiendo al lucero. Melchor era blanco, con barba rubia. Su regalo fue el oro. Baltasar era negro y joven. Llevaba mirra para obsequiar. Gaspar completaba el trío. El incienso fue su presente. Montaban camellos según algunos; otros, los ponen encima de un caballo, un camello y un elefante.

Al margen de discusiones bizantinas, el meollo estriba en el suceso astronómico. Habitamos un lugar más grande que la suma de nuestras imaginaciones. Nacemos en una embarcación que deriva en un mar oscuro. Cualquier repetición de eventos nos arropa como al crío su peluche. Si en el manto negro brillan intempestivamente candiles desconocidos, anhelamos descubrir si el augurio es funesto o venturoso.

Los astrónomos han querido identificar exactamente lo que alertó a los Reyes Magos, si la historia es verdadera. Varios sucesos se han propuesto: múltiples conjunciones entre Júpiter y Saturno, el cometa Halley, la aparición de una nova. El fogonazo debió ser incomparable y rarísimo. Las primeras explicaciones han sido descartadas. Los registros disponibles sobre las conjunciones entre esos dos planetas indican que no fue algo llamativo. El cometa Halley tarda 76 años en promedio en orbitar al Sol. Si uno hace cuentas, no coincide con el nacimiento de Jesús. Veamos la tercera interpretación. Las estrellas poseen un ciclo de vida. Nacen cuando una cantidad determinada de gases se concentra en el espacio. Como la densidad y la temperatura aumentan, la fusión nuclear comienza, encendiéndose la masa. Ha nacido la estrella. De joven, vive quemando hidrógeno y produciendo helio. Cuando el hidrógeno empieza a escasear, la estrella se contrae calentándose en su centro. Este calor provoca que se hinche cien veces su tamaño original. Ahora es una gigante roja. Posteriormente, al agotar su último combustible, se encoge hasta quedar del tamaño de un planeta. Ya es una enana blanca. Al final, se apagará y morirá siendo una enana negra. Las estrellas con mayores proporciones acabarán formando hoyos negros. Las enanas blancas pueden explotar fugazmente bajo ciertas condiciones. A esto se le llama una nova. Antiguamente se pensaba que así aparecían las estrellas, hoy sabemos que son sus últimos respiros.

En siete mil millones de años, el Sol será una enana blanca, súbitamente emitirá destellos, probablemente en un planeta lejano divisarán alguno. ¿Anunciará la hora de llevar regalos porque alguien único ha nacido o porque muchos hemos desaparecido?

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