El árbol de Navidad

Al parecer la tradición es de origen nórdico.

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Álvaro Chaos 17/12/2013 00:00
El árbol de Navidad

Cuando empieza el desfile de automóviles con árboles amarrados a sus toldos, sabemos que diciembre ha llegado. A medida que se acerca la Nochebuena, esta procesión cobra más fuerza. El arbolito debe estar listo para recibir los regalos de Papá Noel o de Santa Claus, según quién le reparta los presentes. Al parecer la tradición es de origen nórdico. Se dice que cuando los primeros cristianos llegaron a Europa del Norte observaron un culto que consistía en adornar un árbol para enaltecer el nacimiento de Frey, dios de la fertilidad y del Sol. Frey es uno de los dioses nórdicos más importantes, se le asociaba con la virilidad, la realeza y la vegetación. Poseía la Espada de la Victoria, la cual peleaba sola, muy a lo Thundercat. Era la deidad preferida de los elfos, muy a lo Señor de los anillos. Los evangelizadores, como San Bonifacio, siempre ingeniosos para aclimatar historias, tomaron el árbol como símbolo del nacimiento de Jesucristo, adaptando lo pagano a lo cristiano. Las esferas de hoy eran manzanas ayer, cuyo significado se puede anticipar fácilmente: simbolizaban el pecado original. El hábito se extendió paulatinamente por todo el mundo occidental hasta ser común actualmente.

Contrario a lo que mucha gente piensa, el árbol que usamos frecuentemente en México en esta temporada no es un pino, sino es el abeto de Douglas (Pseudotsuga menziesii (Mirb.) Franco). Para un ojo inexperto, distinguir entre abetos y pinos es imposible. Sin embargo, hay un par de características fáciles de observar que los diferencian. Las acículas, como se denominan las hojas de ambos, brotan de las ramas del abeto desde un pie similar a una ventosa, ausente en el pino. Y los frutos de los abetos no caen al suelo como lo hacen las piñas de los pinos, en vez de eso, permanecen pegados a las ramas y liberan los piñones al descomponerse. Se calcula para este año una demanda de 1.8 millones de árboles, de los cuales 1.3 millones se importan de EU y de Canadá, el resto se produce aquí. Alrededor de 70% son abetos de Douglas, los demás normalmente son el pino ocote (Pinus ayacahuite C. Ehrenb ex Schltdl) y el abeto oyamel (Abies religiosa (Kunth) Schltdl. & Cham.). También se comercializa cierta variedad del ocote, tupidísima y esponjosa, conocida como “pino vikingo”. Por ser tan pachón le llaman “el oso de los pinos”.

Los pinares evocan sitios fríos, nevados, donde las panorámicas están dominadas por una alfombra verde obscuro brillante de copas puntiagudas espolvoreadas con nieve. De acuerdo con los botánicos, estas plantas se originaron en las partes norteñas de América y Asia hace 70 millones de años donde coexistieron con dinosaurios. Luego se diseminaron hacia el Sur. Al ir migrando, encontraron en México una gama exorbitante de ambientes a los que se adaptaron produciendo una enorme diversidad vegetal. Asociamos a los pinos con países muy boreales, jamás relacionamos a nuestro país con ese vegetal y es sorprendente saber que somos la nación con mayor número de especies: 55% del total habitan aquí. Existen 111 especies de pinos en el mundo, de las cuales 46 viven en México y 26 de ellas son endémicas. Los bosques de pinos poseen un valor ecológico altísimo porque resisten las heladas, las sequías, el pastoreo y los incendios, pero desgraciadamente son vulnerables a los encapuchados.

Así como estos árboles encontraron en México un lugar para diversificarse como nunca, la costumbre del árbol de Navidad también se nutrió de elementos nacionales. Recuerdo uno insólito adornado únicamente con naguales o tonas, muy a lo mexicano.

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