La maldición del color

Holocaustos debidos tan sólo a la cantidad de melanina.

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Álvaro Chaos 10/12/2013 00:00
La maldición del color

Llantos y oraciones acompañan el descenso de un ataúd hacia el inframundo bajo un sol quemante. Una vez allá abajo, varias palas tapan el hueco con arena desde la superficie. Lentamente, los escasos congregados se retiran. La escena triste quedaría simplemente en la cotidianidad del ciclo de la vida si no fuese por tres detalles: el féretro es de cemento, el cadáver en el interior está mutilado, y pertenecía a una niña de 12 años albina.

El albinismo es una enfermedad genética hereditaria. Consiste en la incapacidad de producir un pigmento llamado melanina, cuya función es protegernos de los rayos solares. Las células que lo producen son los melanocitos. Es el factor de protección solar natural. En lugares de la Tierra donde la radiación solar es mayor, la pigmentación de los humanos es más oscura. A eso se debe que en el África Subsahariana el color de la piel humana sea absolutamente negra. Al alejarse de la zona tórrida, la piel se aclara. Nuestros antepasados surgieron en África, perdieron el pelo corporal tal vez por la necesidad de ventilarse mejor en un clima extremadamente cálido, la piel quedó expuesta directamente al sol, aquellos individuos con pieles morenas fueron los supervivientes. A medida que migraron hacia el Norte, la ventaja de poseer piel negra se transformó en impedimento. Los rayos solares son dañinos en exceso, pero es necesario dejar pasar cierta cantidad para sintetizar la vitamina D, la cual ayuda al cuerpo a absorber calcio y formar los huesos.

Josephine y Bishusha son hermanas y albinas. Viven en Tanzania, el país africano con mayor número de albinos. Sus caras y cuerpos están marcados por quemaduras intensas. El cáncer de piel las alcanzará tarde o temprano. El auxilio llega a cuentagotas: ropa, anteojos oscuros, medicinas. Aunque las llamas del Sol no causan el infierno más grave. Su madre suplica a diario que las niñas regresen a salvo de la escuela, que eviten a los cazadores de albinos. Brujos tribales elaboran el popular elixir albino. El brebaje atrae la suerte en el amor, trabajo, dinero, salud. Se fabrica con partes de personas albinas. Una mano puede valer hasta dos mil dólares en el mercado negro. Un impulso irresistible que convierte a cualquier tanzano sin escrúpulos en homicida. Muchas niñitas son emboscadas, asesinadas y descuartizadas mientras van y vienen del colegio. Se profanan los sepulcros para robar manos, cabellos y genitales. A otras chicas se las viola, los hechiceros afirman que tener relaciones con una albina cura el sida. La ola de violencia contra los albinos ha ocasionado su éxodo hacia sitios menos expuestos, como pueblos remotos, ciudades y lugares protegidos por organizaciones internacionales. Los únicos parajes totalmente seguros, libres de asesinos, son las aldeas de leprosos. Tanzania es uno de los focos con gran endemismo de lepra. Muchos albinos prefieren enfrentar al temible bacilo Mycobacterium leprae que a los supersticiosos Homo sapiens. Situación que ni el impío romano Messala hubiera urdido en la clásica película Ben-Hur (1959).

Se desconoce exactamente cuántos genes son responsables de teñir nuestra piel. Varios estudios genéticos sostienen que son solamente cinco. Cantidad despreciable comparada con el total de veintidós mil genes. Media decena de secuencias de ADN basta para determinar el destino de una persona. El apartheid en Sudáfrica, el negocio inglés y portugués de la esclavitud en América, el genocidio perpetrado por Alemania en Namibia, el belga en Zaire e innumerables más, se suman al viacrucis albino. Holocaustos debidos tan sólo a la cantidad de melanina.

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